Federación
Interreligiosa e Internacional para la Paz Mundial
La orientación del papel de la religión en una
situación de paz y seguridad:
Hacia la formación de un Consejo Interreligioso en las
Naciones Unidas
Discurso del Fundador Rev. Sun Myung Moon
pronunciado en Nueva York, el 21 de setiembre de 2002
Respetados
jefes de Estado actuales y retirados, líderes religiosos, políticos y académicos
de todo el mundo, distinguidos diplomáticos y líderes de las Naciones Unidas:
Además de la convocatoria al Segundo
Congreso para la Paz, otra razón para convocarlos hoy aquí con sus corazones
anhelantes por lograr la paz mundial, es para celebrar el Día Internacional de
la Paz. Es en esta ocasión profundamente significativa, que como fundador de la
Federación Interreligiosa e Internacional para la Paz Mundial me gustaría
transmitirles un mensaje relativo al ideal original de Dios. El título del mensaje
es "La Tierra Paterna de Dios y el Mundo Único".
Por qué debemos establecer el Reino de
Dios
Dios se ha manifestado con relación a
Su Reino y a Su Justicia, pero las personas que viven actualmente en la Tierra
no han podido hacerlos realidad. Es importante saber que la humanidad de hoy,
al igual que como ha sido durante muchos miles de años de historia humana,
desea fervientemente el establecimiento del Reino de Dios y Su justicia.
¿Cómo puede ocurrir entonces que el
Reino de Dios y la justicia que tanto hemos deseado fervientemente, permanezcan
como metas incumplidas? La razón es que los seres humanos incurrieron en la
Caída. Como resultado de la Caída humana, Dios y la humanidad que
originariamente hubieran sido el núcleo del Reino y su Justicia, se encontraron
en situaciones que impidieron que trabaran una relación con otros seres humanos
que no sabían mucho de nuestro Padre, del centro de su Reino o de su Justicia,
por lo tanto. Dios ha obrado en el correr del camino de la historia para
iluminar a estas personas ignorantes y para enseñarnos respecto a Sí Mismo. En
este contexto, que se establezcan su Reino y su Justicia, permanece como
nuestro ferviente deseo y meta.
En el mundo actual existen muchas
naciones. Sin embargo, ni una siquiera ha podido recibir verdaderamente el amor
de Dios. Por esta razón, Dios desea que desaparezca este mundo caído y que sea
recreado su Nuevo Reino. Dios ha dirigido Su providencia para establecer una
nación. Dios no puede lograr Su voluntad de una restauración humana sin que
exista la cooperación de una nación. Debe existir un Estado verdadero, centrado
en la religión verdadera; por tanto, en la plenitud de los tiempos, Dios
establecería una nación y una religión específicas: los pueblos escogidos de
Israel y el Judaísmo.
¿Cuál es el carácter de la nación que
cumpliría nuestro ferviente deseo en cuanto al Reino de Dios? No es como las
naciones en la que ustedes están viviendo ahora. Algún día, tendremos que
abandonar estas naciones.
Aún no tenemos el Reino de Dios. La
persona sin una nación no tiene un domicilio permanente, una nacionalidad, o la
posibilidad de figurar como un ciudadano. Por estas razones, debemos lograr el
establecimiento del Reino de Dios en el mundo actual, Debemos construir el
Reino Celestial en la Tierra, debemos vivir en la Tierra como ciudadanos de esa
nación. En esa nación nosotros dirigimos nuestras familias y parientes, y
heredamos el linaje de los Padres Verdaderos y buenos, que aman a su país y a
su nación como hijos e hijas victoriosos. Solo de esa manera entraremos al
Reino del Cielo en el mundo espiritual. Este es el Principio de Dios.
Solamente cuando estemos en condiciones
de legar una tradición que quede hasta la eternidad para nuestros
descendientes. Solamente cuando haya una nación vivirá la sangre y el sudor que
derramamos, solo cuando exista esa nación hombres y mujeres levantarán un
monumento agradeciendo a Dios por el resultado del trabajo en esta Tierra y
solo entonces permanecerá la gloria de cada esfuerzo. Si no existiera una
nación, todo habría sido inútil. Por esto es que debemos comprender que el
establecimiento del Reino de Dios es nuestra tarea más importante.
Debemos vivir con la permanente
convicción que nuestra familia está protegiendo a la nación y que de esa manera
está calificada para recibir el amor de los Padres Verdaderos. Por tanto yo
debo ser un hijo filial de los Padres Verdaderos y cumplir con la nación como
un verdadero patriota. Esto significa que debemos recibir el amor de los buenos
y Padres Verdaderos. No podemos recibir el amor de Dios a menos que tengamos
una nación. Esto ocurre sólo después que hayamos triunfado sobre el dominio que
Satanás tenía sobre la nación y que se haya establecido el Reino de Dios.
El Reino de Dios es el Deseo Anhelado
por toda la Gente.
Nosotros anhelamos el Reino de Dios
porque es el lugar donde reina el amor. Es el lugar donde podemos encontrar un
amor que no sea transitorio sino que viva eternamente, trascendiendo el tiempo.
Es también el lugar donde podemos ser realzados y donde nuestro valor sea
reconocido en su máxima extensión. Es el lugar donde podemos ser felices
eternamente. Estas son las razones por las que la gente anhela el Reino
Celestial, que desea fervientemente ver.
Debemos recorrer el camino que
verdaderamente queremos transitar, y debemos construir la nación en la cual
queramos vivir para toda la eternidad. Si poseemos riquezas, estas deben ser
solo aquellas que con absoluta seguridad pertenecen al Cosmos, al mismo tiempo
que nos pertenecen a nosotros, y que pertenecen al pasado y al futuro, al mismo
tiempo que pertenecen al presente. Debemos también poseer tal autoridad y
conocimiento, que cuando lloremos el cielo y la Tierra lloren con nosotros y
que cuando experimentemos goce, el cielo y la Tierra puedan compartir nuestro
goce. Este es el supremo deseo y la anhelada esperanza que la humanidad caída
debe lograr en la era presente.
Todos los hombres y mujeres deberían
ser capaces de vivir en su propia nación. Este es un derecho absoluto y un don
otorgado a los seres humanos y todos, sin excepción alguna, deben vivir una
vida colmada por un anhelo por el Reino de Dios y Su Justicia. Esto significa
que debemos pintar un cuadro del mundo ideal en el que se integren nuestros
pensamientos, y que en nuestra vida cotidiana recorramos el camino de vivir
para la concreción de su Reino y su Justicia.
No, ustedes no tienen ahora una nación
así, pero ustedes deben establecerla ahora. ¿Qué clase de nación le dije que
sería esta? Será una nación de ideales y una nación de unidad. Será una nación
en la que todas las personas puedan ingresar. En la obra para establecer esta
nación, no se excluirá a nadie. Cooperarán la familia, el clan, la nación y el
mundo. Todos cooperarán. Es así como cada persona puede llegar a unificarse
internamente, y puede establecer la unidad en las familias, los clanes, las
sociedades, las naciones y el mundo.
Dios debe alcanzar el propósito de Su
providencia en la Tierra sin falla alguna. ¿Cuál sería entonces el resultado?
Sería que Dios podría salvar a todas las personas y ejercer su dominio sobre el
mundo. El propósito de la providencia no puede ser otro que la esperanza en
esto se haga realidad.
Si ustedes no son capaces de completar
la tarea de restaurar una nación en la Tierra, entonces el mundo espiritual no
tendrá el valor de una persona del Reino del Cielo. Ustedes deben llevar
consigo a la otra vida el logro y los méritos de haber participado del dominio
de Dios sobre la Tierra. Esta es la norma original de la creación de Dios.
Nada envidio de este mundo porque no me
interesan las cosas de este mundo. El supremo anhelo de toda mi vida ha sido
este: ¿No sería yo capaz de morir en una nación en que Dios pueda protegerme?
Si yo no logro esto durante mi vida terrenal, ¿no habría sido la mía una vida
miserable? Yo debo establecer a esta nación antes de morir y vivir allí, aunque
fuera durante un único día.
En aras de ese único día me siento
deseoso de ofrecer los sacrificios hechos durante miles de días. Ustedes pueden
sentirse en calma, porque aunque ustedes no entiendan estas cosas, yo sigo
ocupándome de ellas, aunque ustedes no pudieran hacerlo, yo debo hacerlo aunque
requiera movilizar personas en otros países. Si una nación no lo puede hacer,
yo debo obrar mediante otros países para llevar a cabo una estrategia
indirecta.
¿Cuál es el propósito de nuestra fe? Es
que nosotros lleguemos a ser ciudadanos del Reino de Dios. Si no somos
ciudadanos de su Reino, no estaríamos habilitados para vincularnos con orgullo
a todas las personas de la Creación. No seríamos libres para recibir su amor.
La persona sin una nación es siempre vulnerable y permanece en una posición
lastimosa en la que puede sufrir injustamente por muchas razones. Por esto es
que necesitamos saber donde encontrar el deseo de la nación de Dios, o sea, la
nación que servirá como apoyo a Dios en el mundo. Este es el tema esencial.
Por último, deberíamos ser capaces de
derramar sangre y sudor en aras del pueblo de esta nación, en aras de la edificación
del eterno Reino Celestial, y en aras de la construcción de una sociedad
próspera en la que nuestros descendientes cantarán loas durante toda la
eternidad.
Sin duda, que el linaje directo de los
hijos de Dios, ejercerá una autoridad real en esta nación, basada en su mandato
proveniente del cielo que tendrá el sello de la plena autoridad de Dios. Este
reino reconocerá que la democracia y el comunismo son sistemas fracasados y que
una vez formado este reino durará para siempre.
Cuando ustedes reflexionan respecto a
esto, ¿no se sienten mortificados por no ser ciudadanos de este reino? Yo creo
que deberíamos lamentarnos por el hecho que no seamos capaces de vivir en una
nación así, que deberíamos arrepentirnos por no haber adquirido este reino
único e incambiable.
Al intentar establecer tal reino,
nación y territorio, los seres humanos han establecido numerosos reinos.
Sabemos que durante este proceso muchas personas murieron, muchas personas
comunes fueron sacrificadas, muchos países fueron destruidos y la autoridad
real cambió de manos muchas veces entre las personas que fueron sacrificadas,
no puede existir duda que quienes estaban del lado del Cielo las almas apenadas
de quienes fueron sacrificados por este propósito anhelan aún el establecimiento
de un Mundo y de un Reino así.
La Providencia de Dios para establecer
Su Reino.
Hemos llegado a saber que después de la
Caída humana, Satanás y no Dios, ejerció su dominio en la historia, aunque sin
embargo, se había supuesto al principio que sería Dios el amo de este mundo. Si
los clanes y los estados formados por familias de los hijos directos de Dios
hubieran edificado el mundo y se hubieran mantenido sus relaciones de
obediencia y amor a Dios, entonces Este hubiera podido ejercer su dominio sobre
el mundo, sobre cada nación, sobre cada familia y sobre cada individuo, pero a
causa de la Caída humana, no obstante, todos los individuos, familias, clanes,
sociedades y naciones del mundo se encuentran ahora enfrentadas a Dios. Esta es
la historia y el mundo producidos por la Caída.
Si dejáramos al mundo como es, el mundo
de amor eterno que exprese el ideal de Dios de la creación, no se concretarán
porque Dios como ser absoluto, no puede establecer su autoridad original a
menos que Él cumpla Su voluntad original; Él ha utilizado Su posición como la
norma para lograr tener el mundo del mal bajo control y encauzar al mundo para
lograr su ideal original. Esta a sido la providencia de Dios con relación al
Mundo Caído.
Existen muchas naciones de la Tierra
actualmente que pertenecen a la soberanía caída, pero no existe siquiera una
alineada con el ferviente deseo de Dios. Para establecer una nación por medio
de la cual pueda lograr el cumplimiento de su voluntad, Dios ha estado obrando
en el correr de la historia para guiar a la gente sin que ésta tuviera
conciencia de ello. Dios creó a Adán y lo crió orientado hacia la perfección
con el deseo de tener un ser que ejerciera el dominio sobre todas las familias,
las sociedades y el mundo todo. Como resultado de la caída de Adán, sin
embargo, la historia que comenzó como una unidad que quedó rota en innumerables
pedazos. La historia de la Salvación ha sido la de un proceso de arreglar y
conectar todos esos trozos.
Dado que Adán fue el ancestro de todos
los seres humanos, el perder a Adán como una persona individual fue lo mismo
que perder la totalidad. Es así que cuando Dios necesita llamar a Adán y
establecerlo nuevamente. La persona que es llamada debe ser capaz de renunciar
y olvidar su clan y a su nación para vivir exclusivamente para la voluntad de
Dios.
Examinemos ahora el contexto del origen
de la historia del cristianismo. Jesús como consecuencia de la incredulidad de
Israel y de la persecución, fue forzado a una vida errante. No le fue posible
satisfacer la esperanza de que hablara tanto al espíritu como a la carne. Pero
el Mesías viene con la misión de eliminar todas las barreras en el Cielo y en
la Tierra para lograr un Dios único y total que rija un Estado basado en los
principios, requerido por la ley del cielo y que los estados estructurados
según los principios del mundo caído desaparezcan. La ferviente esperanza de
Dios en Adán no estaba limitada a Adán como individuo, sino que se extendían
con relación a una familia, clan, sociedad y nación provenientes de Adán.
Cuando los esfuerzos del Mesías para
edificar una nación verdadera resultaron frustrados, Israel sufrió enormemente,
de manera que la palabra que llega nuevamente es responsable del Adán perfecto
y de cumplir la misión del Mesías. Este ser es responsable del
perfeccionamiento de la familia, del clan, de la sociedad, de la nación y del
mundo enraizado en Adán.
Dios envió a sus hijos e hijas amados a
la Tierra para impulsarla hacia adelante, con el objetivo de establecer la
nación que sea absolutamente única. Pero en el momento presente no está
preparado un fundamento sobre el que una nación pueda ser restaurada por causa
de los repetidos fallos, Dios ha enviado personas celestiales a la Tierra para
lograrlo, impulsar y cumplir esta tarea. Esa ha sido la historia de la
providencia de la restauración.
Debemos sentirnos agradecidos aún si
Dios nos sacrificara con individuos, aún si Él sacrificara a nuestras familias,
clanes, sociedades y naciones deberíamos sentirnos agradecidos solamente cuando
una persona verdadera así y una verdadera nación fueran creadas y pudieran lograr que el orden viniera
al mundo. Si el Reino de Dios no pudiera ser edificado sobre este fundamento de
sacrificios hecho por un individuo, entonces el sacrificio debería extenderse
más allá del individuo a la familia, al clan y a la sociedad.
Colaboramos con la providencia para
establecer su Reino, aún cuando Dios se haya regido por este principio. Como
consecuencia de ello se ejecutó una estrategia acorde, si apareciera un individuo
que viviera en aras del reino entonces la familia que heredara la tradición
individual de esta persona, se encargaría del siguiente sacrificio en aras del
reino y posteriormente de un clan y una persona heredaría la tradición de esta
familia y se sacrificaría por el Reino. Así es como Dios llevó a cabo la
providencia para establecer el Reino. Para ese propósito nacimos nosotros en
esta Tierra, para amar el reino de Dios, el amor de Dios por ese Reino lo ha
motivado para llevar a cabo su providencia.
Jesús y el Reino de Dios.
Los ciudadanos de la nación que no
tienen soberanía se encuentran en una situación miserable. Esto preocupó a
Jesús y así nos lo dijo:
No se afanen,
pues, diciendo: ¿qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los
gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre Celestial sabe que
ustedes tienen necesidad de todas estas cosas. Pero busquen primeramente el
Reino de Dios y su Justicia y todas estas cosas les serán añadidas. (Mt.
6:31-33)
El ferviente deseo de Dios era
establecer su Reino y su Justicia, lo que no puede ser logrado sin el concurso
de los seres humanos y de la Creación. En realidad es solo con el concurso de
los seres humanos que esto puede lograrse. Dios desea que mediante la
armonización de Sus esfuerzos y de la Creación, mediante seres humanos
Verdaderos, eso se lograría. Por esa razón es que Dios envió a Jesús a esta
Tierra como un ser sustancial que pudiera representar al Señor ante la
humanidad Caída y hacer progresar al linaje celestial. Jesús fue la primer
persona que tuvo el propósito de hacer cumplir el ferviente deseo de Dios en la
Tierra.
Jesús fue el hijo de Dios, el primero
establecido en esta posición después de 2000 años de preparación. Él era el
hijo de Dios viviendo en la Tierra en medio de una nación centrada en el
Judaísmo con la semilla de la familia de José. El lado satánico había ya
establecido naciones y estaba atacando al lado celestial, de manera que el lado
celestial también necesitaba una nación que se alineara a él para completar el
fundamento. Por eso es que Dios actuó durante 2000 años para formar esa nación
única. El fruto de la labor de Dios fue presentarse al pueblo de Israel para
que aceptará a Jesús y se constituyera un fundamento mundial. Esto debería
haber conducido al establecimiento de un mundo centrado completamente en Dios y
con Jesús en la Tierra. Debido a la muerte prematura de Jesús, sin embargo,
este mundo fue establecido solo espiritualmente.
Centrándose en su vida pública de tres
años, Jesús intentó indemnizar lo que se había perdido centrándose en el
Judaísmo. Jesús fue crucificado sin embargo, e Israel, que había sido
establecido como un cuerpo sustancial en la Tierra, como el fundamento nacional
de Dios tanto en el espíritu como en la carne, pereció también por causa de
haber sido muerto Jesús. El Cristianismo pudo lograr solo la fundación
espiritual de la nación, los israelitas se convirtieron en un pueblo sin una
nación, forzados a vagar por el mundo como un objeto de burla del mundo
satánico. Es por ésto por lo que no podemos encontrar una nación que sea
verdaderamente Cristiana en el espíritu y en la carne. Por eso es que el Señor
que llegue nuevamente debe restaurar los 2000 años de providencia durante los
que Dios creó la nación de Israel, y restaurar todo lo que se perdió debido a
la incredulidad de los israelitas resultante de su ignorancia.
Jesús llegó para establecer una nación,
una nación que él no pudo establecer en espíritu ni en carne, Solo lo logró en
espíritu, por esto es que el Cristianismo hoy no tiene una nación sustancial en
la Tierra. Esto significa que Dios no puede recurrir a cualquier nación o a
cualquier pueblo en la Tierra y decir, mi amada nación, mi amado pueblo. Esto
nos señala que aún no ha sido edificado en esta Tierra el fundamento del Reino
de Dios. Si en el tiempo de Jesús, la nación de Israel se hubiera hecho una
centrándose en Jesús, entonces la nación hubiera sido el Reino de Dios
centrándose en Su hijo Jesús, y Dios habría restaurado el mundo centrándose en
esa nación. Como resultado de la muerte de Jesús, esto es como resultado de la
pérdida del cuerpo sustancial, el fundamento para conectar el espíritu y la
carne sobre la Tierra sólo daría fruto espiritualmente.
Hasta ahora los Cristianos han sido
como un pueblo sin país, así que han sufrido la muerte en todos los lugares que
han ido. El Cristianismo creció sobre la sangre de los mártires por la manera
en que el Cristianismo se plantó en el mundo no podía crecer salvo por la
muerte de los mártires. Ahora el tiempo de derramar sangre y sufrir
persecuciones terminó. En lugar de morir y desaparecer, sin embargo, surgió un
camino de pensamiento que aspira al Reino de Dios y espera ansiosamente al
Señor para recuperar la nación sustancial perdida en base al fundamento
espiritual del Cristianismo. Esta es la expectativa de la Segunda Llegada.
Aunque Jesús esté esperando en el
Paraíso necesitamos saber que aún no se ha sentado en su trono del cielo. Jesús
necesitaba establecer ante Dios una soberanía nacional y edificar una nación
que poseyera la autoridad para ir directamente de la Tierra al Cielo. Por causa
que él no pudo edificar una nación así, Jesús no puede permanecer ante Dios. Es
así que el Paraíso se convirtió en la sala de espera rumbo al Cielo. El Cielo
es un lugar donde nadie puede entrar solo. Si la caída no hubiera ocurrido,
hubiéramos ido al Cielo como familias bendecidas, centrándonos en Adán y Eva,
debemos ir allí con nuestros hijos e hijas.
Para restaurar esto mediante la
indemnización, Dios ha estado luchando durante 2000 años para construir un
fundamento que pueda conectarnos al mundo. Aquí no hay una norma nacional, sin
embargo, que herede el fundamento de la nación. Para encontrar tal pueblo
espiritual y hacer los preparativos necesarios, Dios está obrando mediante un
nuevo movimiento religioso que se centra en el Cristianismo.
Respetados líderes religiosos: en tanto
que la humanidad entra al tercer milenio, recibe nuevamente la fortuna
celestial. Tengo la esperanza de que todas las personas religiosas unirán sus
corazones y seguirán mi propuesta para establecer un Consejo dentro de las
Naciones Unidas integrado por representantes de diferentes religiones y que
funcionará con la Asamblea General. Se trata de una noble tarea que las
Naciones Unidas pueden cumplir en beneficio de la humanidad, que contribuiría a
la recuperación espiritual de la humanidad sobre el fundamento del amor
verdadero de Dios.
Con esta finalidad, yo he escogido
líderes de buena conciencia, no solo en el campo religioso, sino también del
gobierno, la filosofía, los negocios, la cultura y otros campos, y les he dado
educación en el Amor Verdadero, que enseña que la vida vivida en aras de los
otros es su fundamento, ya he designado decenas de miles de Embajadores para la
Paz en todo el mundo, que levantan el estandarte de la Federación
Interreligiosa e Internacional para la Paz Mundial, organización que yo fundé.
Están dedicando totalmente sus esfuerzos para llevar al mundo a la paz, que es
el ferviente deseo de Dios y la humanidad. No transcurrirá mucho tiempo antes
que la voluntad del Dios todopoderoso omnisciente y absoluto se cumpla.
Me gustaría terminar mi exhortación
pidiendo que los líderes aquí reunidos también se conviertan en participantes
activos haciendo que sus familias y naciones se unan con amor verdadero en el
logro de un perdurable mundo de paz sin límites nacionales.
Oro para que la bendición del Cielo
pueda derramar prosperidad en abundancia sobre ustedes y sus familias.
Muchas gracias.