Embajada de paz

Oscar Barquero - Sermón
 
San José Costa Rica
08 de mayo del 2011


Título: La etiqueta celestial para servir a Dios

Sección 1. Vivir para servir a Dios
1.1. Dios y el ser humano se relacionan como padre e hijos

 

Entre todos los lazos y tipos de relaciones, el estándar original es la relación padres-hijos, establecida entre Dios y los seres humanos. El corazón que proviene de este lazo no puede ser debilitado o socavado por la autoridad de ningún ser, y es eterno, incambiable y único. La autoridad de este corazón es también absoluta. Por esta razón, cuando van por el mundo con esta autoridad, todos los seres existentes asentirán sus cabezas ante ustedes. Cuando se mueven con la autoridad de ese corazón, el universo entero debe seguirles; esta es la regla de acero del universo. (7-105, 26.7.1959).

Tenemos que establecer familias que puedan unirse con Dios y la humanidad, donde Dios se pueda relacionar en amor y unirse con la gente. En el momento de la creación Dios consideró a estas familias como ideales y deseadas, y centradas en un amor verdadero y extraordinario. Si nuestros ancestros hubiesen instaurado estas familias hoy todos estuviéramos en el Reino de Cielos, sin tener que preocuparnos por el infierno. (275-54, 1995.10.31).

¿Dónde está el lugar más elevado, en donde los padres y los hijos pueden encontrarse? Este lugar sería el centro en donde su amor, vida e ideales se entrecruzan, se encuentran. Entonces, el amor, la vida y los ideales están en un lugar. En ese lugar, Dios es amor y nosotros también, Dios es vida y nosotros también, Dios es ideal y nosotros también. El primer lazo y el primer lugar de unidad que puede determinar esto, debe ser en donde la relación de padres e hijos es establecida; este es un hecho innegable. (69-78, 20.10.1973).

¿Basados en qué ustedes repiten esta frase: “Padres e hijos son un cuerpo”? El amor no puede ser excluido de esto. El amor, la vida, y el linaje están conectados ahí; estos tres factores son esenciales. Cuando decimos “los padres e hijos son un cuerpo,” el amor, la vida y el linaje deben estar siempre conectados allí. (197-234, 19.1.1990).

No hay ninguna necesidad de una relación padres-hijos establecida verbalmente, o una relación de padres e hijos que fuera creada por acuerdos escritos. Cuando ustedes ejercen su mente, expresen su devoción, vivan por la voluntad del Padre-Madre Celestial, incluso aguantando el dolor que les derrite la carne y los huesos, y obtengan la victoria, podemos restaurar la relación de padres-hijos con Dios. (2-234, 2.6.1957).

¿Dónde estará el lugar más alto donde les gustaría recibir el amor de Dios? Está en la posición del hijo, es en la posición de la hija. Ciertamente Dios tiene emociones celestiales; nosotros, los seres humanos, tenemos emociones humanas. El lugar que se vuelve un punto de convergencia para los sentimientos celestiales y los sentimientos humanos es el lugar que Dios, el Ser Absoluto, anhela, y que también los seres humanos anhelamos. En otras palabras, es el lugar donde podemos compartir el amor en la posición de hijo o hija que se centran en los padres. (39-9, 9.1.1971).

Originalmente, en medio de la más grande alegría, Adán y Eva, debieron haber mostrado la vitalidad más elevada, combinar la más grande energía e incluso el poder de los ideales para toda la Creación. En tal lugar, la flor del amor debería florecer. De esa manera, al florecer como una flor, la fragancia del amor se habría desbordado en el universo entero. Dios soñó con semejante amor en el cual El podría mirar fijamente esa flor, oler su fragancia y estar extasiado con ella. (104-044, 28.3.1979).

Cuando Dios y Adán se hacen uno y ambos están desbordando de amor, Adán puede volverse Dios. Cuando Adán se hace completamente uno con Dios en amor, Dios mora en Adán; la Biblia dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Nosotros somos el templo de Dios. (54-21, 9.3.1972).

Deberían saber que Dios existe cerca de ustedes y está preocupado por cada uno de ustedes más que nadie. La gente piensa que el amor de su propia familia es lo más grandioso en este mundo. Sin embargo, deberían saber que el amor de Dios es más grande y más profundo que ese amor; este es más profundo y más grandioso que cualquier amor humano en este mundo. Deberían ser abrazados en el amor de Dios y ser capaces de llamarle, “Padre,” “Madre.” Deberían llegar a ser tales hijos e hijas verdaderos quienes experimentan profundamente el corazón interno de Dios en una posición que exprese: “Yo conozco la tristeza de Dios.” Si pueden hacerse tales hijos e hijas y poseer el Reino del Cielo en el cual sirven a Dios, nadie será capaz de apartar ese Reino de ustedes. (2-234, 2.6.1957).

Dentro de la lógica, la unidad entre padres e hijos quiere decir que los bienes del padre y la madre pueden llegar a ser de los hijos. Las posesiones del esposo se hacen los bienes de la esposa. Así, centrados en el amor, los derechos de herencia son garantizados por la eternidad. Si se han convertido en un hijo o una hija quienes establecieron un lazo como objetos recíprocos del amor del Dios verdadero, entonces, para ustedes, el cuerpo de Dios será su cuerpo; su amor será su amor y todo lo que El creó será suyo. Por lo tanto, todos ustedes tienen todavía el deseo de su naturaleza original de ocupar el universo. Este fue el regalo de Dios que distribuyó equitativamente a toda la humanidad, el regalo que les permite tener la autoridad para poseer el universo como los hijos e hijas de Dios. (199-346, 21.2.1990).

1.2. Vivir una vida de integridad

En todas las religiones se enseña a las personas a no mirar, oír o tratar a los demás descuidadamente. Esto significa que deberían hacer todo: mirar, escuchar hablar, sentir y amar centrados en Dios. No deberían hacerlo centrados en ustedes mismos. (66-231, 13.5.1973).

Cuando son felices como gente que quiere servir a Dios, ¿qué tan feliz hacen a Dios? ¿Han servido a Dios con una gratitud más grande que la que sintieron mientras comían cuando estuvieron hambrientos? Deberían sentirse siempre agradecidos a Dios cuando comen o visten algo bonito, incluso cuando estén tristes y en tiempos difíciles. Por lo tanto, deberían dejar detrás de sí buenos acontecimientos que pueden ser recordados en la mente de Dios. (17-291, 15.2.1967).

Mi conocimiento, intuición e incluso mis órganos sensoriales, le pertenecen a Dios. Ustedes deberían desarrollar el punto de vista que todo lo que sienten y perciben le pertenece a Dios. Deberían conocer claramente que si esto no es así, ustedes no pueden poseer al Dios que se mueve en conformidad con el corazón (8-294, 14.2.1960).

Toda la gente es creada para unirse con Dios en corazón; Dios, como el Padre-Madre y los seres humanos como sus hijos, estamos conectados a través del corazón. (La bendición y la familia ideal, 203).

Todo lo que hablamos, vemos, sentimos y percibimos a través de las emociones, debe ser conectado a Dios. (53-239, 29.2.1972).

Deben vivir para servir a Dios y a los Padres. Debe ser así cuando hablan y cuando actúan. Ustedes deben vivir una vida de servicio, ya sea que estén dormidos o despiertos. Con sólo tener este concepto, nunca habrá un sólo caso, en las 24 horas del día, en que Satanás les invada. (161-231, 15.2.1987).

Ofrezcan sus primeras palabras al Cielo al levantarse de su cama en las mañanas. Cuando salgan fuera de su casa, deberían dar el primer paso con su pie derecho, dedicando su primer paso al Cielo. Si desarrollan semejante hábito, su vida llegará a ser una vida de servicio. Desde este punto de vista, ustedes deberían mantener el estándar de una actitud de principios y valores en la vida diaria. (17-296, 15.2.1967).

Una vez que nos hemos levantado por la mañana, todos nuestros sentimientos y acciones deben estar unificados en una línea recta a lo largo del día, centrados en una meta. No podemos negar que si perdemos el objetivo, no estaremos capacitados para conectarnos con la voluntad de Dios. (57-231, 4.6.1972).

El Cielo es donde ustedes pueden estar orgullosos de su vida de servicio. Entonces, ¿Qué clase de personas pueden entrar al Cielo? Este no es el lugar para aquellos que esperan recibir las bendiciones por creer en el Señor. El Cielo es para quienes preparan sus corazones en servirlo a través de su vida diaria. Este es un lugar para aquellos quienes dejan atrás una vida de servicio y felizmente avanzan, aun cuando puedan morir en el intento; la resurrección es hallada en ese lugar y situación. (8-304, 14.2.1960).

Ahora, nosotros tres -Dios, los Padres Verdaderos y ustedes- debemos unirnos. Debemos actuar al unísono. Ya que esto es una cuestión decisiva, de vida o muerte, tres deben unirse en el punto donde se juntan. La esfera de la resurrección de la vida está en ese preciso punto de encuentro. Este es el punto de conexión en donde surge la unidad, en donde los Padres Verdaderos y ustedes se unen y llegan a ser un solo cuerpo. Allí, la unificación de un corazón tiene lugar. Por lo tanto, deben llevar una vida de integridad con la Voluntad. (31-321, 7.6.1970).

¿Por y para qué ven y escuchan todo las 24 horas de su vida diaria? Por y para Dios. Tenemos que mirar y escuchar todo por Dios e incluso sentir por su bienestar. Aun cuando estamos viviendo en la Tierra, tenemos que estar conectados con la vida en el mundo celestial y vivir de esa manera. (35-284, 25.10.1970).

Aquellos quienes no anhelan a Dios todos los días, no pueden servirlo. Ustedes deberían estar siempre inmersos en un deseo vehemente cada vez que anhelen por alguien. Pero si dan las doce de la noche y dicen, “Ah, ah, vamos a dormir,” ustedes preocuparán a Dios. No hay concepto del día o la noche en el Reino de los Cielos. La noche no es problema cuando viven y abrazan con los lazos del corazón. (17-293, 15.2.1967).

Originalmente, como regla, nosotros deberíamos vivir, pensar y amar centrados en nosotros mismos después de que nos hiciéramos uno con Dios; tienen que saber esto claramente. Incluso aunque vivieran, pensaran y amaran centrados en ustedes, sería lo mismo como vivir, pensar y amar centrados en Dios; esto es un principio divino. (92-166, 1977.4.3).

El grado al cual ustedes se dedicaron a sí mismos para encontrar a Dios y a la Creación de lazos con El, se convertirá en su patrimonio. (50-288, 8.11.1971).

Deberían ser hijos e hijas quienes pueden recibir respuesta cuando, desde el valle de lágrimas, llaman a Dios. Ustedes deberían convertirse en la gente que, cuando llaman “¡Padre!” “¡Madre!” desde un lugar de lágrimas, Dios contestará: “¡Sí! ¡Estoy aquí!” Deberían ser gente que, cuando clama, “¡Padre!” “¡Madre!” desde un lugar de dolor penetrante, derramando sangre y sudor, Dios responderá: “Yo he resistido, así también ustedes deberían resistir.” Deberían convertirse en gente que, cuando clama por Dios, aun en los momentos en los que la muerte se aproxima, Dios responderá: “Yo estoy aquí, estén tranquilos.” La pregunta es, qué tanto ustedes sirven a Dios, qué tanto consultan con El y qué tanto viven con El en semejantes circunstancias. No importa qué tan fuerte llamen a Dios desde un lugar de gloria egoísta, esto no traerá resultados debido a que Dios aún no ha sido capaz de ver el día de su Gloria. (11-102, 12.2.1961).

Por quién comen cuando exclaman: “¡Eh, tengo hambre! ¡Tengo mucha hambre! ¡Quiero comida, comida, comida!” Deberían sentir ustedes que están comiendo por Dios. ¿Por qué deberían pensar que están comiendo por Dios? Si se han convertido completamente en el templo santo de Dios, deberían pensar, como el templo santo de Dios: “Cuando tengo hambre, Dios, que está dentro de mí, está diciéndome que coma.” Si comen de esta manera, este alimento llegará a ser sagrado. La comida se hace sagrada. (92-166, 3.4. 1977).