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Jesús habló claramente acerca de la Segunda Llegada (Mt. 16:27). Pero dijo
que nadie sabía de aquel día ni de aquella hora, ni siquiera los ángeles del
cielo (Mt. 24:36). Por esto, hasta el presente, se ha considerado imprudente
tratar de saber cuándo, dónde y cómo vendrá el Señor.
Examinando las palabras de Jesús, «sólo el Padre» lo sabe (Mt. 24:36) y el
versículo, «No, no hace nada el Señor Yahvéh sin revelar su secreto a sus
siervos los profetas» (Am. 3:7), podemos comprender que Dios, que conoce el día
y la hora, hará conocer seguramente a Sus profetas todos los secretos
concernientes a la Segunda Llegada del Señor antes de realizarla.
Por ello, Jesús dijo que el Señor vendría como un ladrón (Ap. 3:3), mientras
que en otra ocasión dijo que para aquellos que están en la luz el Señor no
vendría como un ladrón (1 Ts. 5:4). Realmente Jesús vino como un ladrón para los
jefes de los sacerdotes y escribas que estaban en la oscuridad, pero al hogar de
Juan Bautista que estaba en la luz, Dios reveló de antemano el nacimiento de
Jesús. Al tiempo de su nacimiento, reveló el hecho a los Reyes Magos de Oriente,
a Simón, a Ana y a los pastores. Por otra parte, Jesús advirtió a la gente que
velase en todo tiempo, orando para que pudiese tener la fuerza para escapar de
todas las cosas que tendrían lugar, porque el día de la Segunda Llegada vendría
sobre ellos de repente como un lazo; por lo tanto, es evidente que Dios lo
revelará de antemano a los creyentes que estén en la luz, para que así puedan
prepararse para el día venidero del Señor.
Según los ejemplos que aparecen en el curso de la providencia de la
restauración, podemos ver que Dios siempre hizo las cosas después de haber
revelado de antemano los hechos a Sus profetas; por ejemplo: el juicio en
tiempos de Noé, la destrucción de Sodoma y Gomorra y la llegada del Mesías. Por
consiguiente, es evidente que, en la Segunda Llegada del Señor, Dios hablará a
quienes tengan oídos para oír y ojos para ver de manera que puedan ser
iluminados por los creyentes sobre lo que ha de tener lugar, pues El prometió
que en los Ultimos Días derramaría Su Espíritu (Hch. 2:17).
SECCION I
¿Cuándo Volverá Cristo?
Llamamos al tiempo de la Segunda Llegada del Señor los «Ultimos Días». Ya
hemos aclarado en «La Consumación de la Historia Humana» de la Parte I, que
actualmente estamos en los Ultimos Días. Por ello, sabemos que ahora estamos
realmente en el tiempo en el que Cristo tiene que venir de nuevo. Vemos en la
historia de la providencia de la restauración que Jesús vino después de los
2.000 años de la «era providencial de la restauración por indemnización». Por
consiguiente, desde el punto de vista del principio de la restauración por
indemnización, podemos comprender que el Señor vendrá hacia el final de los
2.000 años de la «era providencial de la prolongación de la restauración por
indemnización» (la Era del Nuevo Testamento), que restaura por indemnización el
período previo como la identidad de tiempo substancial.
Como ya hemos visto en detalle en la Primera Guerra Mundial, el Kaiser
Guillermo II, el personaje tipo Adán del lado de Satán, pereció con la derrota
de Alemania en la Primera Guerra Mundial, y Stalin, el personaje del tipo del
Señor de la Segunda Llegada en el lado de Satán, realizó el mundo del comunismo;
este hecho anunciaba que Cristo vendría de nuevo, y que restauraría el mundo por
indemnización bajo el principio de la coexistencia, coprosperidad y causa común.
Por esta razón, podemos comprender que el período de la Segunda Llegada comenzó
exactamente después de la Primera Guerra Mundial
SECCION II
¿Cómo Volverá Cristo?
1. PUNTO DE VISTA BIBLICO
Dios ha revelado siempre los asuntos importantes de Su voluntad en parábolas
y símbolos para que, al tratar de descubrir lo que ocurriría en el futuro,
cualquier persona pudiese comprender las exigencias de la era de la providencia
de Dios conforme al grado de su intelecto y espiritualidad (Jn. 16:25). Por
esto, la Biblia ha dado lugar a que diversos intérpretes establecieran
diferentes puntos de vista. Esta es la causa principal de la división de las
distintas denominaciones. Por consiguiente, la cuestión más importante de todas
es el punto de vista desde el cual se interpreta la Biblia.
Las cuestiones sobre Juan Bautista nos proveen de un buen ejemplo (ref. Part.
I, Cap. IV, Sec. II, 3). Ya que hemos considerado la Biblia durante los 2.000
años a partir de Jesús según el punto de vista de que Juan Bautista cumplió su
responsabilidad, entonces la Biblia ha parecido apoyar esto. Pero cuando
consideramos la Biblia de nuevo desde un punto de vista diferente, podemos
comprender claramente que Juan Bautista fracasó en cumplir su responsabilidad
(ref. Part. I, Cap. IV, Sec. II, 3). Del mismo modo, ya que hemos considerado
hasta el presente a la Biblia bajo el punto de vista de que el Señor debe venir
sobre las nubes, interpretándola literalmente, la Biblia ha parecido apoyar sólo
esta creencia. Sin embargo, ya que es absolutamente incomprensible al intelecto
del hombre moderno que el Señor venga sobre las nubes, nos es necesario
considerar la Biblia detenidamente por segunda vez, bajo un punto de vista
diferente, con el fin de comprender el verdadero significado de lo que dice
literalmente.
Hemos propuesto un nuevo punto de vista para la parte de la Biblia que se
refiere a Juan Bautista. Malaquías profetizó que Elías que había ascendido al
cielo, vendría antes de la llegada del Mesías (Ml. 3:23). Por consiguiente, el
pueblo judío en los días de Jesús creía que el mismo Elías, que una vez ascendió
al cielo, vendría de nuevo, y esperaban con ilusión el día de regreso. Pero, de
la manera más inesperada, Jesús dijo que Juan Bautista, el hijo de Zacarías (Lc.
1:13), era Elías (Mt. 11:14). Entonces, llegamos a la conclusión, conforme al
testimonio del mismo Jesús, que la segunda llegada de Elías se realizó por el
nacimiento de Juan Bautista, no bajando del cielo como el pueblo judío de aquel
tiempo lo esperaba. Del mismo modo, aunque muchos cristianos hasta el presente
han creído que Jesús vendría sobre las nubes, no hay razón para negar la
posibilidad de que el Señor de la Segunda Llegada nazca en la carne sobre la
tierra, del mismo modo como nos lo ha enseñado la realización de la segunda
llegada de Elías mediante el nacimiento de Juan Bautista. Al llegar a este
punto, necesitamos considerar una vez más las numerosas citas bíblicas
referentes a la Segunda Llegada, bajo el punto de vista de que el Señor pueda
venir a la tierra naciendo en la carne.
Al tiempo de la llegada de Jesús, muchos eruditos sabían que el Mesías
nacería en Belén de Judea como un descendiente de David (Mt. 2:5-6). Pero, por
otro lado, no es difícil imaginar que había muchos santos, que creían que el
Mesías vendría sobre las nubes, conforme al relato bíblico que dice: «Yo seguía
contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo
venía como un Hijo de hombre...» (Dn. 7:13). Por lo tanto, el pueblo judío,
incluso después de la crucifixión de Jesús, suscitó un movimiento anticristiano,
diciendo que Jesús nacido en la carne sobre la tierra no podía ser el Mesías. El
apóstol Juan llamó «anticristos» a todos aquellos que negaban a Jesús porque
nació en la carne, diciendo:
«Muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha
venido en carne. Ese es el Seductor y el Anticristo» (2 Jn. 7)
Hay doctores que insisten en que Daniel 7:13 es la profecía de lo que va a
suceder en la Segunda Llegada del Señor. Sin embargo, en la Era del Antiguo
Testamento, Dios estaba obrando en Su providencia para realizar totalmente el
propósito de la providencia de la restauración con la llegada del Mesías, como
podemos verlo claramente a través de las palabras: «Pues todos los profetas, lo
mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron» (Mt. 11:13); y también «Porque el fin
de la ley es Cristo, para justificación de todo creyente» (Rm. 10:4). Por
consiguiente, era una situación en la que nadie podría nunca imaginarse la
Segunda Llegada del Mesías, que tenía que venir sólo una vez, hasta que el mismo
Jesús dijo más tarde que el Señor vendría de nuevo. En consecuencia, ninguno de
los judíos en los días de Jesús, podría jamás pensar que la profecía de Daniel
7:13 se refería a la Segunda Llegada del Mesías. Por esto, el pueblo judío de
aquel tiempo pensaba que esta profecía era lo que iba a suceder en la primera
llegada del Señor. De este modo, incluso al tiempo de la llegada de Jesús, había
muchos que creían que el Señor vendría sobre las nubes, según fundamentos
bíblicos. Sin embargo, Jesús nació realmente en la carne sobre la tierra, y
sabiendo esto, nos vemos obligados a estudiar la Biblia bajo el punto de vista
de que el Señor pueda venir de nuevo de manera similar.
2. LA SEGUNDA LLEGADA DEL SEÑOR SE REALIZARA POR SU NACIMIENTO EN LA
TIERRA
Leemos en la Biblia (Lc. 17:25) que Jesús, anticipando lo que iba a ser en la
Segunda Llegada del Señor dijo: «Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser
reprobado por esta generación.» Si el Señor viniera de nuevo como la Biblia dice
literalmente, sobre las nubes del cielo, en la gloria de Dios y al son de la
trompeta del arcángel (Mt. 24:30-31) ¿habría algún hombre que no sirviese y
exaltase al Señor si viene de esta forma, por muy pecadora que fuese esta
generación? Por consiguiente, si el Señor viniera sobre las nubes, nunca podría
suceder que sufriese mucho y fuera rechazado por esta generación.
¿Por qué Jesús dijo que el Señor estaría en una situación miserable al tiempo
de la Segunda Llegada? El pueblo judío en los días de Jesús esperaba
ansiosamente el día en que Elías viniera de nuevo del cielo antes que el Mesías.
Sin embargo, Jesús, que era aparentemente insignificante, se presentó de pronto
como el Mesías como un ladrón, cuando el pueblo judío aún no había oído noticias
de la llegada de Elías. Por ello, despreciaron a Jesús y le trataron muy mal
(ref. Parte I, Cap. IV, Sec. II, 2). Jesús, que conocía la situación en la que
se hallaba, previó que si en la Segunda Llegada el Señor nace como un hombre y
se aparece como un ladrón a los cristianos, quienes estarían esperando al Mesías
mirando solamente al cielo de igual manera que los judíos en la llegada de
Jesús, el Hijo del hombre sería condenado nuevamente como hereje y sufriría
muchas dificultades. Por consiguiente, Jesús dijo que el Señor sería rechazado
por esta generación. Debemos saber que este versículo bíblico se realizaría
solamente en el caso de que Cristo viniese de nuevo en la carne y nunca si
volviera sobre las nubes. Además, leemos en Lucas 18:8 que Jesús dijo:
«Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga,
¿encontrará la fe sobre la tierra?»
¿Por qué habrían de caer los santos en tanta incredulidad, hasta el punto de
no poder hallar ninguna fe aún si el Señor aparece sobre las nubes, en la gloria
de Dios, al son de la trompeta del arcángel? Este versículo tampoco puede ser
realidad si el Señor viene sobre las nubes. Recordemos la situación en los días
de Jesús. El pueblo judío creía que el Mesías nacería como su Rey en Belén (Mt.
2:6) después de que Elías bajase del cielo. Sin embargo, aunque Elías aún no
había venido, un joven nacido y criado como hijo de un carpintero en Nazaret, se
manifestó de pronto llamándose a sí mismo el Mesías. Es comprensible que no se
encontrara entre los judíos a ninguno con tanta fe que le siguiese a riesgo de
su vida. Jesús se lamentaba de esta manera previendo que cuando el Señor
apareciese otra vez en la tierra en la carne, la gente también caería en la
incredulidad hasta tal grado que no se hallaría nada semejante a la fe, como en
el caso del pueblo judío, porque en la Segunda Llegada, todos los creyentes
estarían también mirando solamente al cielo, creyendo que Cristo vendría de
nuevo sobre las nubes. Por lo tanto, las palabras de Jesús en Lucas 18:8 nunca
podrían ser realidad, a no ser que Cristo nazca en la tierra.
Algunos eruditos interpretan este versículo diciendo que esta situación va a
ocurrir debido a que las tribulaciones que los creyentes de los últimos días van
a sufrir serán tan amargas que harán que todos caigan en la incredulidad. Pero,
en el curso de la restauración ninguna tribulación pudo bloquear la fe de los
santos. Entonces, ¿cómo va a ser menos en los Ultimos Días, cuando los creyentes
pasarán la última barrera de fe? Debemos comprender que la realidad de nuestra
vida de fe es que cuanto más amargas son nuestras tribulaciones y pruebas, mayor
es el ardor de nuestra búsqueda de Dios y de la gracia salvadora del cielo.
Además leemos (Mt. 7:22-23) que Jesús dijo:
«Muchos me dirán aquel Día: `Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y
en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?' Y
entonces les declararé: `Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de
iniquidad!'.»
¿No ocurriría que los santos con una fe tan grande, como para ser capaces de
obrar milagros y señales en el nombre del Señor, seguirían y servirían al Señor
tan pronto como llegara sobre las nubes con gran gloria? ¿Por qué entonces dijo
Jesús que serían rechazados por el Señor de esta manera? Si los santos con una
fe tan ardiente fueran rechazados por el Señor, no habría ni un solo santo en
los Ultimos Días que pudiera salvarse. Por consiguiente, esto tampoco se
realizaría si el Señor viniese sobre las nubes.
También en los días de Jesús debió haber habido muchos creyentes cuya fe era
tan ardiente como para poder obrar milagros y señales. Sin embargo, la gente que
creía que primero vendría Elías del cielo antes que el Mesías, no reconoció a
Juan Bautista como el Elías a quien esperaron por tanto tiempo (Jn. 1:21);
incluso rechazaron al Mesías, que ya había venido. Por lo tanto, Jesús también
tuvo que rechazarlos con lágrimas. De manera similar, al tiempo de la Segunda
Llegada, los santos que tienen fe en que el Señor volverá sobre las nubes,
seguramente también rechazarán al Señor nacido en la tierra. Por consiguiente,
Jesús dijo que por muy ardiente que haya sido la fe de estos santos, serían
rechazados por el Señor como agentes de iniquidad.
La visión de la consumación relatada en Lucas 17:20, tampoco podría
realizarse si Cristo volviese sobre las nubes. Por lo tanto, sólo con la premisa
de que el Señor nacerá en la tierra se pueden interpretar perfectamente los
siguientes versículos bíblicos. Estudiemos entonces minuciosamente el contenido
de estos versículos.
«El Reino de Dios viene sin dejarse sentir» (Lc. 17:20). Si el Señor viene
sobre las nubes, el Reino de Dios vendrá dejándose sentir. Sin embargo, incluso
en tiempos de Jesús, realmente el Reino ya había venido con el nacimiento de
Jesús, pero el pueblo judío, que esperaba y creía que Elías vendría del cielo,
no pudo creer en Jesús y fracasó en ver el Reino que a pesar de todo ya había
venido. Del mismo modo, al tiempo de la Segunda Llegada, el Reino de Dios vendrá
con el nacimiento del Señor de la Segunda Llegada en la tierra, pero los
cristianos que crean que vendrá sobre las nubes no creerán en el Señor, que
tiene que volver en la carne sobre la tierra, y de este modo no podrán ver el
Reino.
«El Reino de Dios ya está entre vosotros» (Lc. 17:21). En tiempos de Jesús,
aquellos que creían que él era el Mesías y que le seguían y le servían, ya
habían realizado el Reino de Dios en sus corazones. De la misma forma, en la
Segunda Llegada, el Señor nacerá en la tierra. Por ello, centrado en aquellos
que primero lo reconozcan y lo sirvan, el Reino de los Cielos se realizará en
primer lugar en sus corazones y cuando estos individuos crezcan en número,
formando sociedades y naciones, el Reino de Dios se manifestará gradualmente
como un mundo con signos visibles. Por consiguiente, debemos saber que el Señor
no volverá sobre las nubes realizando un Reino de Dios que se vea
instantáneamente.
«Desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no le veréis» (Lc.
17:22). Si el Señor viene sobre las nubes, al son de la trompeta del arcángel,
todo el mundo lo verá, entonces no habrá ninguna razón por la que no se podrá
ver el día del Hijo del hombre. ¿Por qué dijo Jesús, entonces, que no verían el
día del Hijo del hombre? Con la venida de Jesús, el día del Hijo del hombre ya
había llegado con su nacimiento en la tierra, pero el pueblo judío, que cayó en
la incredulidad falló en verlo. De la misma forma, al tiempo de la Segunda
Llegada, el día del Hijo del hombre vendrá con su nacimiento en la tierra, pero
los cristianos, que creen que el Señor volverá sobre las nubes, no creerán en él
y no le seguirán como el Mesías aunque puedan ver al Señor. Por consiguiente,
puede ser que, aunque el día del Hijo del hombre ya haya llegado, no puedan
reconocer este día como «el día».
«Y os dirán: `Vedlo aquí, vedlo allá'. No vayáis, ni corráis detrás» (Lc.
17:23). Como ya hemos visto en «La Resurrección», los creyentes de los Ultimos
Días cuyo nivel espiritual haya llegado a un cierto punto, pueden recibir una
revelación que les diga «tú eres el Señor», pero si no conocen la razón por la
cual se recibe una revelación semejante, cada uno podría creerse que es el
«Señor de la Segunda Llegada», convirtiéndose así en un anticristo antes de la
llegada del Señor. Por consiguiente, Jesús advirtió a la gente con estas
palabras para que no fueran tentados por estas personas.
«Como el relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así
será el Hijo del hombre en su Día» (Lc. 17: 24). Cuando Jesús nació, la noticia
del nacimiento del Rey de los Judíos llegó incluso al rey Herodes en el mundo
satánico y toda Jerusalén se turbó, como dice la Biblia (Mt. 2:2-3). Al tiempo
de la Segunda Llegada, la noticia de la venida de Cristo, será transmitida de
Oriente a Occidente con tanta rapidez como un relámpago, porque en ese tiempo
los medios de transportes y comunicaciones estarán altamente desarrollados.
Ya hemos estudiado anteriormente el versículo, Lucas 17:25. «Como sucedió en
los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre» (Lc. 17:26).
Noé, que sabía que iba a venir el juicio del diluvio, llamó a la gente al
arrepentimiento, pero ellos no le escucharon, y finalmente fueron todos
destruidos. De la misma forma, Cristo volverá en la carne sobre la tierra y
llamará a la gente para que entren en el arca de la verdad. Sin embargo, los
creyentes que estén mirando sólo a los cielos para ver venir al Señor sobre las
nubes, no escucharán sus palabras provenientes de la tierra, lo rechazarán como
a un hereje y caerán todos en la posición de haber fallado en servir a la
voluntad de la providencia de Dios del mismo modo como falló la gente en los
días de Noé.
«Quien intente guardar su vida la perderá; y quien la pierda la conservará»
(Lc. 17:33). No habría razón de arriesgar nuestras vidas si el Señor volviera
sobre las nubes de gloria, al son de la trompeta del arcángel. Ya que Cristo
vendrá de nuevo, naciendo en la carne sobre la tierra, parecerá un hereje para
los santos que crean en su vuelta sobre las nubes. Por lo tanto, cualquiera que
crea en él y lo siga tendrá que arriesgar su vida. Cuando alguien esté dispuesto
a creer en él y a seguirlo con tal resolución, el Señor preservará su vida, pero
aquellos que lo rechacen como a un hereje, cuando las circunstancias sean
desfavorables, volviéndole las espaldas en busca de la vida mundana, caerán en
la oscuridad de la muerte.
«Donde esté el cuerpo, allí se congregarán los buitres» (Lc. 17:37). Así
respondió Jesús a los fariseos que le preguntaron sobre el lugar de la Segunda
Llegada. Recordemos que un ave de presa se precipitó sobre la paloma que no fue
cortada en dos en el altar de Abraham (Gen. 15:11). Esto indica que Satán está
buscando siempre una oportunidad de tomar cualquier cosa que no esté
santificada. Por consiguiente, esta última respuesta de Jesús significa que, así
como los malos espíritus estarán reunidos donde haya un cuerpo de muerte, el
Señor, que es la fuente de la vida, vendrá adonde haya vida. Esto quiere decir
que el Señor aparecerá entre los creyentes fervientes. Como ya vimos en «La
Resurrección», al tiempo de la Segunda Llegada del Señor muchos creyentes
fervientes se reunirán en un lugar por la cooperación de muchos hombres
espirituales. Este será el lugar de vida donde aparecerá el Señor. En la Primera
Llegada, Jesús nació en el pueblo escogido, que había servido mucho a Dios, y se
manifestó como el Mesías especialmente a sus discípulos, que creyeron en él y lo
siguieron.
Con respecto al hecho de que Cristo volverá naciendo en la carne sobre la
tierra, dice la Biblia: «La Mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a
todas las naciones con cetro de hierro; y su Hijo fue arrebatado hasta Dios y
hasta Su trono» (Ap. 12:5). El cetro de hierro significa aquí la Palabra de
Dios, que es el instrumento para juzgar el mundo de pecado y para restaurar el
Reino de Dios en la tierra. Como se ha expuesto con detalle en «La Consumación
de la Historia Humana», el juicio por fuego es el juicio por la lengua; es
decir, el juicio por las palabras (St. 3:6). Por esta razón, está escrito que
las palabras que Jesús habló juzgarán al hombre en los Ultimos Días (Jn. 12:48)
y que por la misma Palabra, los cielos y la tierra que ahora existen han sido
reservados para el fuego (2 Pe. 3:7), y que el Señor Jesús matará al impío con
el soplo de su boca (2 Ts. 2: 8). Por consiguiente, el cetro de hierro es
verdaderamente la vara de la boca de Jesús. Es el soplo de sus labios y la
lengua o las palabras que habla Jesús (Is. 11:4). Por esto está escrito: «Las
regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piezas de arcilla» (Ap.
2:27). Está claramente expresado que este hijo varón nace de una mujer y es
arrebatado a Dios y a Su trono. Entonces, ¿quién podría ser el hijo varón que
nace de una mujer con la calificación para sentarse sobre el trono de Dios y que
regirá a todas las naciones con las Palabras de Dios? Este no puede ser nadie
más que el Señor de la Segunda Llegada, que debe nacer en la tierra como Rey de
Reyes y que realizará el Reino de Dios en la tierra.
Hasta el presente, ha habido mucha gente que ha interpretado la mujer del
versículo mencionado antes (Ap. 12:5) como la «Iglesia». Al tratar de
interpretar este versículo bíblico bajo la premisa de que Cristo vendrá sobre
las nubes, no hay más remedio que interpretar a la mujer como la iglesia. El
pasaje siguiente: «El resto de sus hijos» (Ap. 12:17) quiere decir aquellos que
dan testimonio del Señor creyendo en él; es decir, los creyentes en calidad de
hijos adoptivos (Rm. 8:23).
En cuanto a la Segunda Llegada del Señor, algunos eruditos creen que su
segunda llegada es cuando Jesús viene a través del Espíritu Santo (Hch. 8:16-17)
a vivir en nuestros corazones individuales (Jn. 14:20). En este caso, ya que
Jesús estaría presente en el corazón de cualquier creyente devoto desde el
tiempo de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés hasta el presente, debemos
pensar que si ésta es realmente la Segunda Llegada, entonces ya tuvo lugar en el
pasado remoto, hace unos 2.000 años.
Algunas denominaciones cristianas creen que Jesús volverá en cuerpo
espiritual. Sin embargo, inmediatamente después de su resurrección de la tumba,
tres días después de su muerte, visitó a sus discípulos, asumiendo la misma
apariencia que tenía en vida sin ninguna diferencia (Mt. 28:9); y desde aquel
momento hasta el presente, ha visitado y enseñado libremente en cualquier
momento a creyentes con un alto nivel espiritual. Por consiguiente, debemos
pensar que este tipo de Segunda Llegada también tuvo lugar hace 2.000 años. Si
ésta fuera la Segunda Llegada, no sería necesario que esperásemos ahora otra vez
con ansiedad el día de la Segunda Llegada del Señor como el día histórico de
nuestro supremo deseo.
Según el hecho de que los discípulos de Jesús estaban esperando el día de la
Segunda Llegada aunque podían encontrarse con él en espíritu en cualquier
momento, podemos comprender que ellos no se imaginaban la Segunda Llegada que
estaban esperando con tanto anhelo como su vuelta en un cuerpo espiritual. Jesús
dijo: «Sí, pronto vendré» (Ap. 22:20) al apóstol Juan con quien se encontraba a
menudo en espíritu. Juan, que oyó esto, le respondió diciendo: « ¡Amén! ¡Ven,
Señor Jesús! » Aquí, vemos que Jesús mismo expresó claramente que su venida en
un cuerpo espiritual no era la Segunda Llegada, y es evidente que el apóstol
Juan tampoco consideró su aparición en espíritu como la Segunda Llegada. Por
consiguiente, si la Segunda Llegada no es la vuelta de Jesús en un cuerpo
espiritual, es un hecho innegable que Cristo debe volver en la carne, al igual
que en la primera venida.
Como se ha expuesto detalladamente en «Los Principios de la Creación», Dios
creó el mundo invisible y el visible, y creó al hombre con espíritu y cuerpo,
con el fin de que dominase los dos mundos de acuerdo a Sus palabras de
bendición. No obstante, debido a la caída de Adán, el hombre fracasó en gozar
del dominio de estos dos mundos. Por lo tanto, la creación que había perdido a
su señor, esperó en lamentación la revelación de los hijos de Dios, que pudiesen
dominarla (Rm. 8:19-22). Por consiguiente, Jesús, que había venido como el
perfecto señor de estos dos mundos, en calidad de Adán perfecto (1 Cor. 15:27),
pensaba lograr que todos sus creyentes fueran señores de la creación,
haciéndoles un solo cuerpo consigo mismo, injertándoles en su cuerpo (Rm.
11:17). Sin embargo, debido a la rebelión del pueblo judío contra él, el cuerpo
físico de Jesús fue entregado en manos de Satán como condición de redención para
la restauración de los judíos y de toda la humanidad de vuelta al seno de Dios.
Naturalmente, la salvación física de la humanidad no pudo ser realizada y Jesús
murió, prometiendo que sería realizada cuando volviese (ref. Parte I, Cap. IV,
Sec. I, 4). Por consiguiente, hasta el presente no ha habido ni un solo hombre
que llegando a ser perfecto espiritual y físicamente en la tierra haya podido
lograr la armonía entre el mundo invisible y el mundo visible dominando a
ambos.
Por consiguiente, el Señor, que debe venir como un ser substancial perfecto
que cumpla este modelo, no volverá en cuerpo espiritual solamente. Como en la
llegada de Jesús, el Señor debe venir como un hombre perfecto espiritual y
físicamente. Logrando que toda la humanidad forme un solo cuerpo con él,
injertándola a él espiritual y físicamente, debe conseguir que todos los hombres
sean perfectos espiritual y físicamente, haciéndoles así capaces de dominar a
ambos mundos, el invisible y el visible.
Para restaurar el Reino de Dios en la tierra, Jesús debería haber llegado a
ser el Padre Verdadero de la humanidad restaurada y el Rey del Reino sobre la
tierra (Is. 9:6, Lc. 1:31-33). No obstante, no pudo cumplir esta voluntad debido
a la incredulidad del pueblo; murió en la cruz prometiendo que el Señor volvería
más tarde y que la cumpliría con toda seguridad. Por consiguiente, en la Segunda
Llegada, el Señor debe realizar el Reino de Dios sobre la tierra como se pensaba
hacer en la llegada de Jesús y debe llegar a ser el Padre Verdadero de la
humanidad y también Rey. Naturalmente, en la Segunda Llegada el Señor debe nacer
también en la carne sobre la tierra, como en la Primera Llegada.
Además, la redención del pecado del hombre sólo es posible durante la vida
del hombre en la tierra (ref. Parte I, Cap. I, Sec. VI, 3 [2]). Con el fin de
llevar a cabo el propósito de la redención, Jesús tenía que venir como un
hombre. Sin embargo, ya que la salvación a través de la cruz de Jesús es sólo
espiritual, el pecado original permanece aún inherente a nuestro cuerpo físico.
Por consiguiente, Cristo debe venir de nuevo para completar la salvación física.
Por lo tanto, el Señor vendrá en la carne como en la llegada de Jesús, pues no
podría lograr este propósito si volviese solamente con un cuerpo espiritual.
Hemos explicado anteriormente, de muchas maneras, que el Señor debe venir en la
Segunda Llegada en la carne como en la llegada de Jesús y no en cuerpo
espiritual.
Si el Señor volviese en cuerpo espiritual, sería ilógico que el cuerpo
espiritual, que sólo puede ser visto con los ojos espirituales que transcienden
el tiempo y el espacio, viniese en las nubes, que es un tipo de materia. Además,
si la Segunda Llegada no se realizara en cuerpo espiritual sino en la carne,
¿dónde ha permanecido el Señor en el aire con su cuerpo físico y cómo puede
venir sobre las nubes? A esta cuestión, se podría responder diciendo qué milagro
sería imposible para Dios, que es todopoderoso y omnipresente. Sin embargo, Dios
no puede ignorar las leyes que El ha establecido. Por consiguiente, Dios no
necesita ni puede realizar Su providencia de una manera tan fuera del Principio
como que Cristo, viniendo de nuevo con la misma carne que la nuestra, llegara
sobre las nubes después de haber aguardado en el aire en algún mundo diferente
de la tierra. Basándonos en la prueba de todo lo que hemos tratado hasta aquí,
podemos admitir sin lugar a dudas que la Segunda Llegada del Señor se realizará
por su nacimiento en la carne sobre la tierra.
3. ¿QUE SIGNIFICAN LOS PASAJES BIBLICOS QUE DICEN QUE CRISTO VENDRA
SOBRE LAS NUBES?
Si la Segunda Llegada del Señor debe realizarse por su nacimiento en la
tierra, debemos saber el significado del pasaje bíblico que dice que vendrá
sobre las nubes. Para saber esto, debemos comprender primeramente el significado
de la palabra «nubes». Leemos en Apocalipsis 1:7:
«Mirad, viene acompañado de nubes; todo ojo le verá hasta los que le
traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén».
Por esto sabemos que todos los hombres ciertamente verán volver a Cristo.
Pero en el tiempo en que Esteban fue martirizado, sólo los santos cuyos ojos
espirituales estaban abiertos podían ver a Jesús sentado a la diestra de Dios
(Hch. 7:55). Por consiguiente, si Jesús, que está en el mundo espiritual,
volviera en cuerpo espiritual tal como está ahora sólo lo verían aquellos cuyos
ojos espirituales estén abiertos; entonces, nunca sucedería que todo ojo verá
volver a Cristo. Por lo tanto, podemos comprender que la Biblia dice que todo
ojo verá al Señor en su venida, debido a que vendrá en la carne. El Señor, en la
carne, no puede venir sobre las nubes; por lo tanto, las «nubes» son seguramente
simbólicas.
El mismo pasaje bíblico continúa diciendo que hasta los que le traspasaron le
verán también. Aquellos que traspasaron a Jesús fueron los soldados romanos en
sus días. Sin embargo, aquellos soldados romanos, por supuesto, no podrán ver al
Señor cuando vuelva. Porque si los soldados romanos van a ver al Señor volver a
la tierra, deberán resucitar, pero se dice en Apocalipsis 20:5, que los que
serán resucitados al tiempo de la Segunda Llegada del Señor serán sólo aquellos
que participen en la primera resurrección, y el resto de los muertos no volverán
a la vida hasta que terminen los mil años (el milenio). Por consiguiente,
debemos interpretar «los que le traspasaron» como una parábola, considerándola
como una referencia a aquellos que creyendo que Cristo ha de volver sobre las
nubes no le harán caso y lo perseguirán cuando vuelva de forma inesperada por su
nacimiento físico en la tierra. Si «los que le traspasaron» debe ser
interpretado como una parábola, no habría razón para no interpretar la palabra
«nubes» del mismo pasaje también como una parábola.
¿Qué significa, entonces, la palabra «nubes»? «Nubes» significa lo que está
evaporado (purificado) del agua sucia de la tierra. El agua simboliza al hombre
caído (Ap. 17:15). Entonces podemos comprender que las nubes simbolizan a los
creyentes fervientes, cuyas mentes están siempre en el cielo y no en la tierra,
completamente renacidos de la raza caída de los hombres. Además, «nube» se usaba
a menudo, ya sea en la Biblia o en los clásicos, como una palabra que representa
una muchedumbre (Hb. 12:1). Podemos ver que la palabra se usa también de este
modo, incluso hoy día, en las lenguas de Oriente y de Occidente. La columna de
nube que conducía a los israelitas durante el día en el curso de Moisés
representaba a Jesús, quien tenía que venir más tarde como líder de esta nación;
la columna de fuego de la noche representaba al Espíritu Santo, que como objeto
de Jesús tenía que conducir a los israelitas con el fuego de la inspiración. Por
todo lo anterior, sabemos que la llegada de Cristo sobre las nubes significa que
aparecerá como líder de los cristianos, el Segundo Israel, en medio de un grupo
de santos renacidos. Como se ha estudiado previamente en detalle, cuando Jesús
respondió a los fariseos que le preguntaban dónde volvería el Señor (Lc. 17:37),
les dijo que donde esté el cuerpo se reunirán los buitres; él quería decir que
el Señor vendría al lugar donde estuviesen reunidos los creyentes fervientes,
que significa lo mismo que la llegada sobre las nubes.
Si hemos de interpretar así la nube como una parábola, podemos pensar también
que el Señor vino sobre las nubes al tiempo de la Primera Llegada. Esto es
debido a que Jesús, aunque nació en la tierra, fue alguien que sin duda vino del
cielo, desde el punto de vista de su significado y valor, como dice la Biblia,
«El primer hombre [Adán], salido de la tierra, es terreno; el segundo [Jesús],
viene del cielo» (1 Cor. 15:47); «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del
cielo, el Hijo del hombre» (Jn. 3:13). Por esta razón se creía que el Señor
vendría sobre las nubes, incluso en su primera venida (Dn 7:13).
4. ¿POR QUE DIJO JESUS QUE EL SEÑOR VENDRIA SOBRE LAS
NUBES?
Hay dos razones por las que Jesús predijo que el Señor vendría sobre las
nubes. En primer lugar fue para evitar los engaños de los anticristos. Si se
hubiera aclarado que Cristo vendría a la tierra en la carne, no podría evitarse
por ningún medio la confusión causada por los engaños de muchos anticristos. Ya
que Jesús se manifestó como el Mesías desde una condición de vida modesta y
humilde, cualquier hombre humilde que hubiese alcanzado un cierto nivel
espiritual podría darse a conocer proclamándose a sí mismo como el Señor de la
Segunda Llegada, deslumbrando así a todo el mundo con gran engaño. Pero,
afortunadamente, esta clase de confusión ha sido evitada debido a que todos los
creyentes, sabiendo que Cristo vendrá sobre las nubes, han mirado hacia el
cielo. Sin embargo, ya que el tiempo está cerca, Dios nos dirá con toda
seguridad que sencillamente Cristo nacerá de nuevo en la tierra.
En segundo lugar, fue para alentar a los santos que estaban siguiendo el
difícil camino de fe de aquel tiempo. Hay otros muchos ejemplos en los que Jesús
dijo cosas de tal modo que parecen ilógicas con el fin de alentar a los
creyentes a llevar a cabo la voluntad de Dios lo más rápidamente posible. Por
ejemplo, Jesús, con el fin de hacer que sus discípulos creyesen que la Segunda
Llegada se realizaría enseguida, dijo: «...Yo os aseguro: no acabaréis de
recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre» (Mt. 10:
23). Nuevamente, cuando Jesús informó a Pedro acerca de su próximo martirio, él
le preguntó a Jesús qué sería del discípulo Juan; entonces Jesús replicó: «así
quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa?» (Jn. 21:18-22).
Conforme a estas palabras de Jesús, algunos de sus discípulos estaban esperando
ansiosamente la Segunda Llegada, pensando que podría tener lugar durante la vida
de Juan. En otra ocasión dijo Jesús: «Yo os aseguro: entre los aquí presentes
hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en
su Reino» (Mt. 16:28), lo cual hizo pensar a sus discípulos que podrían ver
posiblemente la vuelta del Señor en vida.
De este modo, Jesús habló como si el Señor fuera a venir muy pronto, esto
alentaba a sus discípulos tanto que incluso bajo la opresión del Imperio Romano
y la persecución del Judaísmo, estaban todos llenos del Espíritu Santo (Hch.
2:14), y entonces pudieron fundar la primitiva Iglesia Cristiana, todo por la
ardiente esperanza en la Segunda Llegada, que ellos pensaban que era inminente.
También con el fin de estimular y alentar a los santos que se hallaban bajo
intensas tribulaciones, Jesús les dijo que vendría sobre las nubes del cielo con
el poder y la gloria de Dios, al son de la trompeta del arcángel y que
realizaría todas las cosas con la rapidez de un relámpago.
SECCION III
¿Dónde Volverá Cristo?
Si Cristo tiene que nacer como un hombre en la carne en esta tierra, y no va
a venir en cuerpo espiritual, seguramente nacerá en una cierta nación elegida
por Dios, en algún lugar predestinado. ¿Cuál será entonces el lugar predestinado
y qué nación será la elegida de Dios?
1. ¿VOLVERA CRISTO ENTRE EL PUEBLO JUDIO?
Algunos cristianos creen que Cristo vendrá de nuevo entre el pueblo judío,
basándose en los siguientes relatos bíblicos: en el tiempo de la Segunda
Llegada, el número de los sellados será ciento cuarenta y cuatro mil de todas
las tribus de los hijos de Israel (Ap. 7:4); Jesús dijo a sus discípulos: «...Yo
os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el
Hijo del hombre» (Mt. 10:23). También dijo a los que le estaban escuchando: «Yo
os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta
que vean al Hijo del hombre venir en su Reino» (Mt. 16:28). Sin embargo, con el
fin de conocer la verdad sobre este asunto, los cristianos deben conocer la
providencia fundamental de Dios.
En otra ocasión (Mt. 21:33-43), Jesús indicó claramente, en su parábola de
los viñadores, que el Señor no volvería a la nación que le persiguiera y le
matara, sino que les quitaría el Reino de Dios (la herencia) y se lo daría a la
nación que rindiera sus frutos (al tiempo de la Segunda Llegada). En esta
parábola, Jesús quería decir que Dios es el propietario de la viña, la herencia
de Dios es la viña; la nación escogida de Israel encargada de la herencia de
Dios son los viñadores, Sus profetas son los siervos; el Señor es el hijo del
propietario y otra cierta nación que será capaz de cumplir la voluntad de Dios
recibiendo y sirviendo al Señor de la Segunda Llegada son otros viñadores que
rinden sus frutos.
¿Por qué dijo Jesús que el Señor iba a venir de nuevo a los hijos de Israel?
Con el fin de aclarar esta cuestión, estudiemos en primer lugar qué significa
realmente la palabra «Israel».
Israel es un nombre que significa «el que prevaleció», y que recibió Jacob
del ángel del Señor después de haberlo vencido en la lucha que mantuvo en el
vado de Yabboq, con el fin de establecer la posición de Abel para la ofrenda
substancial (Gen. 32:28). Jacob, al tener éxito en la ofrenda substancial
después de establecer de este modo la posición de Abel, pudo establecer el
fundamento para el Mesías a nivel familiar. Por consiguiente, su descendencia
que heredó esta voluntad sobre este fundamento es llamada «Israel». Los elegidos
de Dios, «Israel», significa entonces el pueblo de Dios que ha triunfado por la
fe, y no se refiere necesariamente a los descendientes de Jacob.
Por esto Juan Bautista dijo a los judíos: «No os contentéis con decir en
vuestro interior: `Tenemos por padre a Abraham'; porque os digo que puede Dios
de estas piedras dar hijos a Abraham» (Mt. 3:9). Pablo dijo: «Pues no está en el
exterior el ser judío, ni es circuncisión la externa, la de la carne. El
verdadero judío lo es en el interior, y la verdadera circuncisión, la del
corazón, según el espíritu y no según la letra» (Rm. 2:28-29). Nuevamente,
testificó, diciendo: «no todos los descendientes de Israel son Israel» (Rm.
9:6). Estas eran palabras de Pablo y las dijo para reprender a los judíos que
estaban orgullosos de ser la nación escogida simplemente porque eran
descendientes directos de Abraham, aunque no vivían de acuerdo con la voluntad
de Dios.
Por lo tanto, se puede decir que los descendientes de Jacob eran el pueblo
escogido de Israel en el tiempo de su partida de Egipto, pero dejaron de ser
«Israel» cuando se rebelaron contra Dios en el desierto. Por consiguiente, Dios
los abandonó y todos perecieron en el desierto, y Dios condujo a Canaán sólo a
sus descendientes, los que siguieron a Moisés, como el verdadero Israel. De los
descendientes que entraron en el país de Canaán, los del Reino del Norte, que
consistía de las diez tribus que se rebelaron contra Dios, perecieron porque
dejaron de ser la nación escogida de Israel; sólo el Reino Sur de Judá, que se
componía de las dos tribus que siguieron la voluntad de Dios, pudo, como el
verdadero pueblo escogido de Israel, recibir a Jesús. Sin embargo, este pueblo
judío también perdió completamente su calificación como pueblo escogido cuando
lo crucificó a Jesús.
¿Cuál fue, entonces, el pueblo escogido de Israel después de la muerte de
Jesús en la cruz? Fueron los fervientes cristianos, que tomando posesión de la
fe de Abraham, heredaron la misión que sus descendientes directos fracasaron en
llevar a cabo. Por consiguiente, la Biblia aclara que el centro de la
providencia de Dios para la restauración ha sido trasladado de los israelitas a
los gentiles (Hch. 13:46), diciendo: «Su caída [la de los judíos] ha traído la
salvación a los gentiles, para llenarlos de celos» (Rm. 11:11). Por esto,
podemos comprender que el pueblo escogido de Israel, que debe establecer el
fundamento para el Mesías de la Segunda Llegada, no son los descendientes
directos de Abraham, sino los fervientes cristianos que han heredado la fe de
Abraham.
2. CRISTO VOLVERA A UNA NACION ORIENTAL
Como dijo Jesús en Mateo 21:33 en una parábola, el pueblo judío al entregar a
Cristo a la cruz cayó en la posición de los viñadores que mataron al hijo del
propietario de la viña. ¿Qué nación será, entonces, la que tomará sucesión de la
herencia de Dios, quitada al pueblo judío, y que rendirá sus frutos? La Biblia
nos enseña que es una nación de Oriente.
Leemos en la Biblia (Ap. 5:1) que en la mano derecha de Dios había un libro,
escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos «Pero nadie era capaz,
ni en el cielo ni en la tierra, ni bajo la tierra, de abrir el libro ni de
leerlo», y Juan viendo esto lloraba profusamente. Entonces, fue el Cordero y
tomó el libro de la mano de Dios que estaba sentado en el trono (Ap. 5:7) y
abrió cada uno de los siete sellos (Ap. 6:1).
Después de leer el relato del Cordero cuando abre el sexto sello (Ap. 6:12),
y como una escena intermedia antes de la apertura del último sello, está el
relato de Apocalipsis 7. La Biblia sigue diciendo en Apocalipsis 7:2-4 que otro
ángel subía de donde nace el sol con el sello del Dios vivo, y selló a los
siervos escogidos de Dios en sus frentes y el número de los marcados con el
sello fue ciento cuarenta y cuatro mil. Está escrito de nuevo que estaba de pie
el Cordero, el Señor, y con él los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido
sellados (Ap. 14:1).
Por estos versículos bíblicos, podemos saber que Cristo nacerá en un país del
Oriente_es decir, de donde nace el sol_y que pondrá un sello sobre las frentes
de los ciento cuarenta y cuatro mil, los primeros escogidos de entre la gente de
la tierra, con un nombre y el nombre de su Padre (Ap. 14:1). Por consiguiente,
vemos que la nación que tomará posesión de la herencia de Dios y que producirá
los frutos para la Segunda Llegada del Señor está en el Oriente. Entonces, ¿cuál
de entre las muchas naciones del Oriente será la nación escogida?
3. ESTA NACION DEL ORIENTE ES COREA
Ahora sabemos, como se ha aclarado previamente, que Cristo no vendrá de los
descendientes lineales de Abraham, sino a la nación que tomará su herencia y
rendirá sus frutos; y que la nación que producirá los frutos debe ser una de las
naciones orientales. Desde antiguo, por «naciones orientales» nos hemos referido
a Corea, Japón y China. De las tres, Japón es la nación que ha adorado a
Amaterasuomikami generación tras generación; además, en el período de la Segunda
Llegada era una nación totalitaria, y como se verá más tarde, fue la nación que
persiguió al Cristianismo de Corea. China, siendo una nación comunista, está en
el lado satánico juntamente con Japón.
Por consiguiente, la nación del Oriente donde vendrá Cristo sólo puede ser
Corea. Ahora, probemos bajo varios puntos de vista basados en el Principio, que
Corea debe ser la nación que reciba al Señor de la Segunda Llegada. La nación en
la que volverá el Mesías debe cumplir las siguientes condiciones:
(1) Esta nación debe establecer el fundamento nacional para la
restauración por indemnización
Para que Corea llegue a ser la nación que pueda recibir al Mesías, debe
establecer el fundamento nacional de 40 días de separación de Satán para la
restauración cósmica de Canaán.
¿Por qué motivos el pueblo coreano ha de establecer este fundamento? Si el
Señor debe venir en Corea, el pueblo coreano llegará a ser el «Tercer Israel»,
la nación escogida de Dios. Los descendientes directos de Abraham, que habían
sido perseguidos en Egipto mientras servían a la voluntad de Dios en la Era del
Antiguo Testamento, fueron el «Primer Israel», mientras que los cristianos,
quienes, acusados de herejes por el Primer Israel, se habían hecho cargo de la
providencia de la restauración sirviendo a Jesús resucitado, fueron el «Segundo
Israel». Además, ya sabemos por afirmaciones previas, que el Señor será acusado
de hereje incluso por los cristianos, el «Segundo Israel», pues está profetizado
en Lucas 17:25 que el Señor primero debe padecer mucho, incluso en su Segunda
Llegada, de igual manera que ocurrió en los días de Noé. Si es así, Dios tendrá
que abandonar a los cristianos si persiguen al Señor de la Segunda Llegada, así
como abandonó al pueblo judío cuando rechazó a Jesús (Mt. 7:23). Entonces el
pueblo coreano, que debe cumplir la tercera providencia de Dios sirviendo al
Señor de la Segunda Llegada se convertirá en el Tercer Israel, la nación
escogida.
El Primer Israel sufrió 400 años de esclavitud en Egipto, que era el mundo
satánico en aquel tiempo, con el fin de establecer el fundamento de 40 días de
separación de Satán para comenzar el curso de la restauración nacional de
Canaán. Del mismo modo, el Segundo Israel también resistió y superó los 400 años
de persecución bajo el Imperio Romano, que era el mundo satánico en aquel
tiempo, con el fin de establecer el fundamento de 40 días de separación de Satán
para comenzar el curso de la restauración mundial de Canaán. Naturalmente, el
pueblo coreano, siendo el Tercer Israel, debe sufrir esclavitud por una cierta
duración de tiempo correspondiente al número 40, bajo una nación del lado
satánico, con el fin de establecer el fundamento de 40 días de separación de
Satán, para comenzar el curso de la restauración cósmica de Canaán. Este período
fue en realidad el período de 40 años en el que Corea sufrió persecución como
estado vasallo del Imperio japonés.
¿Bajo qué circunstancias sufrió el pueblo coreano los 40 años de esclavitud
bajo el Imperio japonés? El control imperialista y agresivo de Japón sobre Corea
empezó conforme al «Tratado de Protección de Eul-sa», que era un tratado por el
que se confiaban todos los derechos diplomáticos de Corea al cuidado del
Ministerio de Asuntos Exteriores del Imperio japonés y que fue concluido en
1905, entre Hiro-humi Ito de Japón y Wan Yong Lee de Corea, un Ministro de
Educación projaponés de aquella época. Japón privó a Corea de sus derechos en
todos los campos, como la política, diplomacia y economía, controlando toda la
administración doméstica, por medio del gobernador y secretarios que los
japoneses pusieron en cada distrito. Esto constituyó el «Tratado de Protección
de Eul-sa».
Japón, después de anexar a Corea por la fuerza en 1910, privó completamente
de libertad al pueblo coreano, encarcelando o aniquilando a numerosos patriotas
y aún peor, invadiendo el palacio real e incluso asesinando a la Reina. Durante
el Movimiento de Independencia Coreano del día primero de marzo de 1919, los
japoneses mataron a innumerables buenos ciudadanos de Corea. Además, en el
tiempo del gran terremoto de Kanto en Japón en 1923, el pueblo japonés,
inventando rumores sin fundamento, masacró a innumerables inocentes coreanos que
vivían en Tokio. Mientras tanto, incontables coreanos, que no podían soportar la
tiranía japonesa, tuvieron que emigrar al vasto desierto de Manchuria en busca
de libertad, dejando la fértil tierra de su patria en manos de los japoneses.
Allí, lucharon por la liberación de su patria, pasando inenarrables penalidades
y privaciones. Los soldados japoneses, buscando patriotas coreanos de aldea en
aldea, detenían a veces aldeas enteras, incluyendo ancianos y jóvenes,
encerrándolos en un edificio y masacrándolos incendiando el edificio. Japón
continuó con esta tiranía hasta el día de la caída del imperio. Los coreanos que
murieron en el tiempo del Movimiento de Independencia Sam-il y en el desierto de
Manchuria eran cristianos en su mayoría. Además, hacia el fin del Gobierno
Imperial, los japoneses forzaron a los cristianos coreanos a dar culto en los
templetes de Sinto y encarcelaron o mataron a innumerables cristianos que se
oponían a hacerlo. Además, la política opresiva del imperialismo japonés hacia
la cristiandad coreana poco antes de su liberación el 15 de agosto, fue atroz.
Sin embargo, con la admisión de la derrota en la Segunda Guerra Mundial por el
emperador japonés Hirohito, el pueblo coreano fue liberado finalmente de la
esclavitud.
De esta forma, la nación coreana, durante los 40 años que siguieron al
«Tratado de Protección de Eul-sa» en 1905, hasta su liberación en 1945, sufrió
persecuciones no menos severas que las que sufrieron el Primer Israel y el
Segundo Israel en Egipto y en el Imperio Romano respectivamente. Ya que el
movimiento de independencia nació principalmente de entre los cristianos dentro
del país y en el extranjero, fueron en su mayoría los cristianos quienes
sufrieron las persecuciones.
(2) Esta nación debe ser al mismo tiempo la línea de frente de
Dios y de Satán
Ya que Dios bendijo a Adán para que tuviese dominio sobre toda la creación,
Dios tenía que permitir a Satán realizar antes que El, el mundo fuera del
Principio según el modelo de las bendiciones. Dios ha estado restaurando este
mundo al lado celestial. Por consiguiente, en la consumación de la historia
humana, como se ha expuesto anteriormente, este mundo será dividido
necesariamente en dos: la democracia y el comunismo. Dado que el Señor viene con
el fin de restaurar el mundo caído en el mundo original de la creación, es
evidente que Dios debe realizar Su providencia para restaurar el mundo comunista
al lado celestial, centrado en el país adonde va a venir el Señor de la Segunda
Llegada. Por lo tanto, Corea, donde vendrá el Señor, debe llegar a ser la
primera línea del inmenso amor de Dios y al mismo tiempo la primera línea del
creciente odio de Satán; en otras palabras, donde las dos potencias de la
democracia y del comunismo deben estar en pugna entre sí. El paralelo 38 de
Corea se estableció conforme a esta providencia de la restauración.
La ofrenda del sacrificio tiene que estar en la línea de rivalidad entre Dios
y Satán, como condición por la que se determina que es correcta. Ya que el
pueblo coreano es la ofrenda del sacrificio como nación situada en esta línea
para la restauración universal, Dios tiene que cortar este sacrificio nacional
en dos, al igual que hizo cortar a Abraham sus ofrendas. Esto es por lo que
Corea está dividida en dos por el paralelo 38, separada en dos naciones_una de
tipo Caín y otra de tipo Abel.
Naturalmente, este paralelo 38 es precisamente la línea de frente de la
democracia y del comunismo y al mismo tiempo la línea de frente de Dios y Satán.
Por consiguiente, la guerra que estalló el 25 de junio de 1950 a lo largo del
paralelo 38 de Corea, no fue meramente un conflicto entre compatriotas causado
por la separación de la tierra, sino la confrontación entre los dos mundos de la
democracia y del comunismo, y además, la confrontación entre Dios y Satán. Ya
que este conflicto asumió un carácter mundial por el propósito de la providencia
de la restauración, la movilización de muchas naciones miembros de la O.N.U. en
la guerra de Corea les permitió participar inconscientemente en la providencia
de Dios, obrando para la liberación de la patria.
Cuando cayeron los primeros antepasados humanos, el lado celestial y el lado
satánico se dividieron. Por consiguiente, la vida y la muerte, el bien y el mal,
el amor y el odio, la alegría y la tristeza, también se dividieron en ese
momento, y han estado en pugna durante el largo período de la historia desde
entonces. Los pares en lucha se dividieron respectivamente en los dos mundos de
la democracia y del comunismo. Estos volvieron a estar de nuevo en lucha a nivel
mundial centrados en Corea. Por ello, Corea se ha enfrentado con un gran caos,
luchando entre sí religiones e ideologías, políticas y economías; todo esto
influye gradualmente en el mundo entero. Debido a que estos tipos de fenómenos,
que surgen primeramente en el mundo espiritual, deben desarrollarse
substancialmente centrados en Corea que es el centro de la providencia de la
restauración, para ampliarse cada vez más hasta llegar a ser mundiales. Sin
embargo, debemos saber que la aparición de tal caos es la señal de la venida del
mundo de un nuevo orden, tal como está escrito: «...cuando ya sus ramas están
tiernas y brotan las hojas, caéis en cuenta de que el verano está cerca» (Mt.
24:32).
Cuando los fariseos le preguntaron a Jesús acerca del lugar de la Segunda
Llegada, Jesús respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se congregarán los
buitres» (Lc. 17:37). La vida eterna y la muerte eterna deben enfrentarse entre
sí en Corea, que es la línea de frente de Dios y la línea de frente de Satán.
Por consiguiente, Satán, simbolizado por los buitres debe reunirse aquí en busca
de la gente de muerte, mientras que el Señor viene también a esta tierra en
busca de la gente de vida.
(3) Esta nación debe ser el objeto del corazón de
Dios
Con el fin de llegar a ser el objeto del corazón de Dios, debemos seguir en
primer lugar el camino de sangre, sudor y lágrimas. Estando bajo el dominio de
Satán, el hombre llegó a ponerse en oposición a Dios. Por consiguiente, Dios,
con un corazón paternal, lleno de tristeza por la pérdida de sus hijos ha vagado
en el mundo de pecado para salvarlos de la corrupción. Con el fin de salvar a la
humanidad, que se había rebelado contra El, tuvo que ver cómo Sus queridos hijos
fueron sacrificados por Satán, sufriendo finalmente el dolor de tener que
entregar a Su hijo Jesús a la cruz. Por lo tanto, desde la caída del hombre
hasta el presente Dios se ha afligido día tras día, de igual manera, cualquier
individuo, hogar o nación que ha luchado contra el mundo satánico por la
voluntad de Dios no ha podido evitar el camino de sangre, sudor y lágrimas.
Siendo nosotros los hijos que seguimos el camino de piedad filial y de
lealtad como objetos del corazón paternal que sufre tanto, ¿cómo podemos esperar
estar cómodos y satisfechos? La nación que reciba al Mesías debe seguir el
camino de sangre, sudor y lágrimas, porque Su pueblo debe llegar a ser hijos de
piedad filial poniéndose como el objeto del afligido corazón de Dios. Puesto que
el Primer Israel siguió el camino de la tribulación, el Segundo Israel hizo lo
mismo. El pueblo coreano, como Tercer Israel, también debe seguir necesariamente
el mismo camino. El curso histórico de indescriptible miseria que ha sufrido el
pueblo coreano, era el camino necesario que debían seguir como pueblo elegido de
Dios. Por consiguiente, el camino de la aflicción ha llevado al pueblo coreano a
una gran bienaventuranza.
A continuación, la nación que ha de ser el objeto del corazón de Dios, debe
ser necesariamente un pueblo bueno a los ojos de Dios. La nación coreana es un
pueblo de linaje homogéneo, que tiene una larga historia de más de 4.000 años.
Incluso durante las dinastías de Koguryo y Shila, cuando el poder nacional
estaba en su mejor estado, Corea sólo repelió a las potencias extranjeras que la
agredieron, pero ni una sola vez invadió a otros países. Viendo que la primera
naturaleza de Satán es su arrogancia agresiva, es evidente, considerándolo
simplemente bajo este aspecto que el pueblo coreano está en el lado celestial.
La estrategia de Dios ha sido siempre la de lograr la victoria desde la posición
de ser atacado. Por consiguiente, aunque han sido sacrificados innumerables
profetas y hombres buenos en el curso de la historia, y aunque Dios dejó que Su
hijo Jesús fuese crucificado, el resultado siempre ha sido una victoria para
Dios. Tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, el lado satánico
fue siempre el primero en atacar, pero en ambas ocasiones el lado celestial
logró la victoria. De la misma forma, el pueblo coreano ha sido invadido por
innumerables naciones en el curso de la historia. No obstante, esto sólo fue
para lograr la victoria final como la nación del lado celestial.
El pueblo coreano está dotado por naturaleza con un don religioso. Su
naturaleza religiosa siempre le ha impulsado a buscar, aparte de la realidad, lo
que está más allá de ella. Por ello, la nación coreana, que está dotada con un
fuerte respeto a Dios, desde tiempos muy lejanos cuando su nivel cultural era
bajo hasta el presente nunca ha valorado ninguna religión que persiga la
felicidad diaria deificando indignamente objetos naturales. El pueblo coreano,
como nación, tiene un carácter nacional que valora sumamente la lealtad, la
piedad filial y la virtud. Esta tendencia, proveniente de la corriente interna
de su carácter nacional que valora la lealtad, la piedad filial y la virtud,
hace que esta nación, en general, aprecie historias tan nobles como «Chun Hyung»
y «Shim Chung».
(4) Esta nación debe tener testimonios proféticos entre el
pueblo
Referente al testimonio profético revelado a la nación coreana, en primer
lugar, sabemos que esta nación tiene una idea mesiánica conforme a la revelación
dada a su pueblo. El Primer Israel creía, por los testimonios de sus profetas
(Ml. 3:20-23, Is. 60:1-22), que el Mesías vendría en el futuro como su Rey y que
salvaría al pueblo estableciendo el Reino. El Segundo Israel siguió el difícil
camino de la fe en la esperanza de que el Mesías volviese.
Del mismo modo, la nación coreana, como el Tercer Israel, ha creído desde
hace 500 años en tiempo del reinado de la dinastía Yi en la profecía de que el
Rey de Justicia aparecería en esta tierra y que estableciendo el Milenio
recibiría tributos de todos los países del mundo. Esta fe ha alentado al pueblo
a sufrir el amargo curso de la historia, esperando el tiempo de su venida. Esta
era realmente la idea mesiánica que el pueblo coreano creía conforme al «Chung
Gam Nok», un libro de profecía. Dado que incluye la profecía de que aparecería
un nuevo rey en Corea, los gobernantes han declarado a esta ideología fuera de
la ley. Además, los gobernantes durante el régimen japonés, la suprimieron,
quemando los libros con el fin de destruirla. Después de la introducción del
Cristianismo esta idea fue considerada como una superstición. No obstante, esta
expectación mesiánica, que está profundamente arraigada en el alma coreana, ha
sido continuamente transmitida hasta el tiempo presente. Correctamente
interpretado, el Rey de Justicia _Chung-Do Ryung (la persona que viene con las
palabras de justicia de Dios) a quien ha esperado por tanto tiempo el pueblo
coreano, es el nombre al estilo coreano del Señor de la Segunda Llegada. Dios
reveló por medio del Chung Gam Nok, antes de la introducción del Cristianismo en
Corea, que el Mesías volvería a Corea en el futuro. Hoy día muchos eruditos han
descubierto que la mayoría de las profecías escritas en este libro coinciden con
las de la Biblia.
En segundo lugar, es una realidad que los creyentes de cada religión dentro
de esta nación están recibiendo revelaciones de que el fundador de su religión
volverá a Corea. Como se ha expuesto con detalle en la Parte I, Cap. III, en
realidad, desde el punto de vista de la historia del desarrollo de las esferas
culturales, todas las religiones tienden a unirse en una religión; es decir, el
Cristianismo. El Cristianismo en los Ultimos Días es la religión final que puede
cumplir el propósito de las otras innumerables religiones que han surgido hasta
ahora. Por consiguiente, Cristo, que viene de nuevo como el centro del
Cristianismo, debe cumplir totalmente el propósito de todas las religiones, que
sus respectivos fundadores proyectaron realizar durante sus vidas en la tierra.
Por lo tanto, el Señor de la Segunda Llegada, desde el punto de vista de su
misión, representa la segunda venida del fundador de cada religión (ref. Parte
I, Cap. V, Sec. II, 4). Naturalmente, los fundadores de muchas religiones, cuyos
seguidores piensan que volverán a Corea a cumplir su expectativa de acuerdo a lo
que recibieron por revelación, no volverán como individuos diferentes sino que
volverán a través de un gran personaje, el Señor de la Segunda Llegada. Cada
grupo religioso ha recibido revelaciones diferentes referentes a la Segunda
Llegada del Señor. El Budismo dice que Miruk-Bul (Buda) va a venir, mientras que
el Confucionismo dice que vendrá Jin-In (Hombre Verdadero), el Chun-Doismo dice
que vendrá Choi Su Un (su fundador), y el grupo Chung-Gam-Nok dice que vendrá
Chung-Do Ryung (Hombre con Palabras Verdaderas).
En tercer lugar, podemos señalar el hecho de que están apareciendo como bambú
después de la lluvia muchas señales espirituales que se refieren a la venida del
Señor a Corea. La palabra de la promesa de que Dios derramará Su espíritu sobre
toda carne (Hch. 2:17) se está realizando entre el pueblo coreano de hoy. Por
consiguiente, un sin número de hombres religiosos están recibiendo revelaciones
muy claras sobre la Segunda Llegada del Señor a Corea de muchos modos
diferentes, tomando contacto con muchos hombres espirituales de diversos
niveles: desde el ámbito de los espíritus seculares hasta el reino de los
espíritus del nivel del paraíso. Sin embargo, los líderes del mundo cristiano
actual, debido a su ignorancia espiritual, no han reaccionado todavía y han
rehusado prestar atención a tales cosas. Esto es similar a lo que sucedió en los
días de Jesús, cuando los jefes de los sacerdotes y rabinos, que deberían haber
sido los primeros en saber de la venida del Mesías, ignoraban enteramente el
hecho debido a su ignorancia espiritual, mientras que por otro lado, los
astrólogos y los pastores tenían conocimiento del mensaje por revelación.
Jesús dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a pequeños»
(Mt. 11:25). Por esto, Jesús se lamentaba de la ignorancia espiritual de los
líderes del judaísmo y al mismo tiempo agradecía a Dios por derramar gracia,
revelando cosas celestiales a los creyentes de aquel tiempo, que eran inocentes
como niños aunque no instruidos.
(5) Todos los aspectos de la cultura y de la civilización deben
dar fruto en esta nación
Como ya se ha mencionado (ref. Parte I, Cap. III, Sec. V, 1), los problemas
fundamentales del hombre podrán resolverse totalmente y realizarse entonces el
mundo ideal de la creación de Dios, únicamente por la unificación de la religión
y la ciencia, o de la civilización espiritual y la material, que se han
desarrollado para superar los dos aspectos de la ignorancia del hombre. El mundo
que el Señor debe realizar en la Segunda Llegada debe ser un mundo en el que la
ciencia se haya desarrollado hasta un elevado grado, de modo que todas las
culturas que se han desarrollado en el curso vertical de la historia en la
providencia de la restauración, puedan ser restauradas a la vez,
horizontalmente, en la sociedad centrada en el Señor de la Segunda Llegada,
realizando así la sociedad cultural del más alto grado. Por consiguiente, toda
la religión y la ciencia _y por ello, los dos aspectos de la cultura, la
espiritual y la material_deben ser absorbidos y armonizados bajo una sola verdad
centrados en Corea; produciendo frutos que pertenezcan al mundo ideal del deseo
de Dios.
En primer lugar, todos los aspectos de la civilización avanzada en el
continente deben dar fruto también en Corea. Por consiguiente, la cultura
continental de la era antigua, nacida en Egipto, se trasladó para formar la
cultura peninsular de Grecia, Roma e Iberia. Esta cultura peninsular se desplazó
de nuevo para formar la cultura insular de Inglaterra. Entonces, la cultura
insular llegó a ser la cultura continental de América y volvió a la cultura
insular de Japón. Ahora, este ciclo de peregrinación de la cultura debe ser
completado y finalizado con la cultura peninsular en la tierra de Corea, adonde
Cristo ha de volver.
En segundo lugar, el aspecto de la civilización que se refiere a ríos y mares
debe dar fruto en la cultura oceánica del Pacífico, donde está ubicada Corea. La
cultura fluvial que se desarrolló en primer lugar en los ríos Nilo, Tigris y
Eufrates, se trasladó hasta formar la cultura mediterránea centrada en Grecia,
Roma, España y Portugal; después, esta cultura mediterránea se trasladó de nuevo
para formar la cultura atlántica centrada en Inglaterra y América; esta cultura
dará fruto finalmente como la cultura del Pacífico, donde América, Japón y Corea
tienen igualmente situadas sus líneas costeras.
En tercer lugar, el aspecto de la civilización que se refiere al clima debe
dar también fruto en Corea. Desde el punto de vista del clima, la acción y
multiplicación de todos los seres vivos comienza en primavera, florece en
verano, da fruto en otoño y después de la cosecha son almacenados durante el
invierno. El ciclo de primavera, verano, otoño e invierno, no se repite
solamente cada año. Examinando la unidad del día, encontramos que la mañana se
corresponde a la primavera, el mediodía al verano, la tarde al otoño y la noche
al invierno. Por otra parte, la infancia, juventud, madurez y vejez de la vida
de un hombre también sigue este modelo; y toda la historia humana, también se ha
desarrollado así. Esto es porque Dios creó el mundo bajo el principio del cambio
climático.
Dios creó a Adán y Eva en la primavera. Por consiguiente, la civilización de
la humanidad tenía que comenzar como la civilización de la zona templada del
Edén, ser trasladada a la civilización de la zona tropical como verano y después
de trasladarse a la civilización de la zona fría del otoño, tenía que llegar
finalmente a la civilización de la zona helada del invierno. Pero, debido a la
caída, el hombre cayó un estado salvaje. No siendo capaz de producir la
civilización de la zona templada, vivió una vida primitiva en la zona tropical.
De este modo, se produjo la civilización de la zona tropical en el antiguo
continente de Egipto. Esta, trasladada del continente a la civilización
peninsular (Grecia, Roma e Iberia) y a la insular (Inglaterra), produjo la
civilización de la zona fría. Transferida de nuevo al continente (Rusia),
produjo la civilización de la zona helada. Ahora es el tiempo cuando debe
producirse la civilización de la zona templada del Nuevo Edén en la cultura
peninsular. Esto debe ser necesariamente realizado en Corea, donde todos los
aspectos de la civilización deben dar fruto.
SECCION IV
Los Días de Jesús y Nuestros Días desde el
Punto de Vista de la Identidad de Tiempo
El período de la Primera y el de la Segunda Llegada son los períodos de la
identidad de tiempo providencial. Por esto, todas las situaciones que se
desarrollan centradas en el Cristianismo de hoy son similares a las que se
desarrollaron centradas en el Judaísmo de los días de Jesús.
Por ejemplo: en primer lugar, tenemos el hecho de que el Cristianismo de hoy
día, al igual que el Judaísmo en el tiempo de Jesús, está apegado a la autoridad
y a los ritos de la iglesia, mientras que el contenido interno está corrompido.
La clase dirigente del pueblo, los jefes de los sacerdotes y los rabinos de los
días de Jesús, esclavos de los principios convencionales de la ley Mosaica,
estaban todos corrompidos en sus vidas espirituales. Por consiguiente, las
personas cuanto más conscientes eran en su fe más deseaban calmar su sed
espiritual siguiendo a Jesús, que era señalado como un hereje en aquel tiempo.
Del mismo modo, la clase dirigente del Cristianismo de hoy día, incluyendo a
sacerdotes y ministros, es esclava de los ritos y autoridad tradicionales de la
iglesia y está volviéndose cada día más oscura espiritualmente. Por ello, la
situación actual de hoy día es que los fervientes cristianos están vagando en
las montañas y llanuras espirituales en busca de nuevos líderes y verdaderos
caminos para experimentar la luz interior de la fe dejando a un lado las
circunstancias externas.
Después, como se ha visto previamente con detalle, los cristianos de hoy
serán los primeros en perseguir al Mesías al tiempo de la Segunda Llegada, como
hicieron los seguidores del Judaísmo en la Primera Llegada. Jesús, que vino a
cumplir las palabras del Antiguo Testamento de acuerdo con los profetas, y sobre
este fundamento establecer una nueva era, no repitió simplemente las palabras
del Antiguo Testamento, sino que tuvo que dar necesariamente nuevas palabras
para la nueva era. Los jefes de los sacerdotes y rabinos, que criticaban las
palabras y la conducta de Jesús conforme a los límites de lo que estaba
permitido por las palabras del Antiguo Testamento, acabaron entregando a Jesús
en la cruz a causa de su modelo de juicio equivocado.
Del mismo modo, el propósito de la Segunda Llegada de Cristo es establecer un
cielo nuevo y una tierra nueva (Ap. 21:1-4) sobre el fundamento de la salvación
espiritual de la Era del Nuevo Testamento establecido por los cristianos. Por
consiguiente, al tiempo de la Segunda Llegada, el Señor seguramente no repetirá
simplemente las palabras del Nuevo Testamento dadas hace 2.000 años, sino que
dará nuevas palabras necesarias para establecer un cielo nuevo y una tierra
nueva. Sin embargo, los cristianos de hoy, que son esclavos de las palabras
bíblicas, seguramente criticarán las palabras y la conducta del Señor de la
Segunda Llegada conforme a lo que se afirma literalmente en las palabras del
Nuevo Testamento. Por lo tanto, está muy claro que puede ser que le persigan y
que le acusen de hereje. Esta es la verdadera razón por la cual dijo Jesús que,
en la Segunda Llegada, el Señor primero sufriría mucho (Lc. 17:25).
Por otro lado, sucederán las mismas cosas que en el tiempo de Jesús en
relación a la acogida de las revelaciones referentes a la Segunda Llegada o a
las palabras que el Señor nos dará. Al tiempo de la venida de Jesús, Dios no dio
el mensaje de la llegada del Mesías a los jefes de los sacerdotes y rabinos,
sino a los astrólogos gentiles y a inocentes pastores. Es como el caso de un
padre, que debido a la ignorancia de su propio hijo, tiene que confiar en su
hijastro. Dios no puede revelar el mensaje de la Segunda Llegada a los
cristianos de hoy, que están manteniendo ciegamente una actitud convencional de
fe, sino más bien a los seglares, a los paganos que son tenidos por gentiles o a
los hombres sin ninguna fe religiosa pero con buena conciencia. Los que
aceptaron el Evangelio de Jesús no fueron las clases dirigentes del Judaísmo,
que se llamaban a sí mismos los elegidos de Dios, sino gente de las clases más
bajas y gentiles. Similarmente, en la Segunda Llegada, los seglares o no
cristianos pueden ser los primeros en aceptar las palabras del Señor, antes que
las clases dirigentes del Cristianismo, que se consideran a sí mismos el «pueblo
escogido». Por esto, Jesús lamentándose dijo que aquellos que gozarían del
banquete de bodas que él prepararía no serían los invitados, sino los llamados
casualmente de la calle (Mt. 22:8-10).
Además, en el tiempo de la Segunda Llegada, así como en el tiempo de Jesús,
habrá muchos creyentes, que encaminados hacia el Cielo, acabarán en el Infierno.
Los jefes de los sacerdotes y los rabinos, que tenían la misión de dirigir al
pueblo de Dios, deberían haber sido los primeros en conocer la llegada del
Mesías y deberían haber tomado la iniciativa de llevar al pueblo escogido ante
él. Con el fin de que cumpliesen su misión, Jesús visitó el templo en primer
lugar y les enseñó el Evangelio. Debido a que no hicieron caso de sus
enseñanzas, se vio forzado a deambular por las orillas del mar de Galilea,
haciendo discípulos suyos a los pescadores y relacionándose principalmente con
la gente del nivel más bajo, como pecadores, recaudadores de impuestos y
prostitutas. Finalmente, los jefes de los sacerdotes y los rabinos entregaron a
Jesús. Entonces, creyendo que habían hecho algo justo castigando al traidor de
Dios, siguieron dedicando su lealtad al oficio sagrado, recitando pasajes de las
escrituras, aportando el diezmo y ofreciendo sacrificios por el resto de sus
vidas. Nunca se imaginaron que iban con rumbo al lugar donde fueron después de
su muerte física, que fue inesperadamente para ellos, el Infierno.
Desafortunadamente, se precipitaron al Infierno por el camino que ellos creyeron
que les llevaría al Reino de los Cielos.
Cuando realmente comprendemos el hecho de que estos son los fenómenos que
podrían suceder de la mismísima forma en los Ultimos Días, todos y cada uno de
nosotros deberíamos considerar el asunto muy seriamente. Innumerables cristianos
de hoy día están precipitándose en el camino que ellos piensan que les llevará
al Reino de los Cielos. Sin embargo, este mismo camino puede llevarlos al
Infierno. Por consiguiente, Jesús dijo una vez, que el Señor se vería obligado
en los Ultimos Días a rechazar a muchos santos a quienes, aún teniendo una fe
tan fuerte como para arrojar demonios y hacer grandes obras en su nombre, les
diría: « ¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!» (Mt. 7:23).
Reflexionando sobre el asunto con una profunda comprensión, nadie está situado
en una posición tan peligrosa como lo creyentes que viven en este período
transicional de la historia como el de hoy. Si, como los líderes judíos de los
días de Jesús, tomasen la dirección equivocada en su fe, todo se desvanecería a
pesar de lo ferviente que haya sido su vida de fe. Por esto Daniel dijo:
«...sólo los doctos comprenderán» (Dn. 12:10).
SECCION V
La Causa de la Confusión de Lenguas y la
Necesidad de su Unificación
Si el hombre se hubiera perfeccionado sin haber caído y hubiera realizado el
mundo de una gran familia asemejándose a un cuerpo humano con Dios como cabeza y
todos los hombres como miembros, no habría razón para que surgieran tantas
lenguas sobre la tierra. Quienes hablan lenguas diferentes no pueden comunicarse
entre sí. La confusión del lenguaje humano surgió porque la relación vertical
del hombre con Dios quedó cortada debido a la caída. Puesto que esto causó la
ruptura de su relación horizontal entre sí, todos los hombres han estado
separados durante mucho tiempo y han formado muchas naciones conforme a las
diferentes circunstancias geográficas. Por otro lado, hay un relato bíblico que
se refiere a la confusión de las lenguas que sucedió de repente entre los
descendientes de Noé, quienes hablaban todos la misma lengua al principio.
Expliquemos a continuación las particularidades de esta historia.
Los cananeos, descendientes del segundo hijo de Noé, Cam, que había pecado
ante Dios, comenzaron una vez a construir la torre de Babel, exaltando la
voluntad de Satán. Entretanto, los descendientes de Sem y Jafet, que habían
estado del lado de Dios, vinieron a cooperar en la construcción. Por ello, Dios
confundió su lengua con el fin de impedir que les ayudasen en la obra de Satán,
haciendo imposible la comunicación entre ellos (Gen. 11:7).
Nada podría ser más miserable que siendo descendientes de los mismos padres,
teniendo los sentimientos comunes de alegría y enfado, no podamos compartirlos
los unos con los otros debido a la diferencia de lenguas en que se expresan. Por
consiguiente, para que el mundo ideal de una gran familia bajo el Señor de la
Segunda Llegada como el Padre Verdadero pueda ser realizado, todas las lenguas
deben ser necesariamente unificadas. Dado que el lenguaje fue confundido debido
a la torre de Babel que exaltaba la voluntad de Satán, las lenguas de todas las
naciones deben ser unificadas ahora, conforme al principio de la restauración
por indemnización, centrados en la torre celestial, exaltando la voluntad de
Dios. De este modo, toda la humanidad llegará a ser un solo pueblo, hablando una
sola lengua y estableciendo así un único mundo de una sola cultura.
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