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SECCION I
La Providencia de la Restauración Centrada
en la Familia de Adán
Aunque la caída humana fue causada por el propio fallo del hombre, ya hemos
explicado (ref. Parte I, Cap. III, Sec. II, 1) cómo Dios se vio obligado a obrar
para salvar al hombre caído, comenzando tempranamente en la familia de Adán Su
providencia para restaurar a los hombres caídos, haciéndoles establecer el
fundamento para recibir al Mesías.
Como hemos visto en la «Introducción», Adán, a causa de su relación de sangre
con Satán, se hallaba en una posición intermedia en la que podía relacionarse
tanto con Dios como con Satán. Por consiguiente, el hombre caído, que se
encuentra en esta posición intermedia, debe cumplir por sí mismo ciertas
condiciones de indemnización con el fin de separarse de Satán y dirigirse al
lado celestial para establecer el fundamento para recibir al Mesías. La
providencia de la restauración no podía realizarse a menos que la familia de
Adán establezca las condiciones de indemnización para restaurar el fundamento de
fe y el fundamento de substancia, mediante los cuales se logra el fundamento
para el Mesías y sobre este fundamento, recibir finalmente al Mesías.
1. EL FUNDAMENTO DE FE
En primer lugar, para establecer el fundamento de fe, deben haber ciertos
objetos condicionales para su restauración por indemnización. Originalmente,
Adán, debido a su incredulidad, perdió la Palabra de Dios dada como condición
para establecer el fundamento de fe. Por ello, para que Adán, quien cayó en una
posición en la que no podía recibir directamente la Palabra de Dios restaurase
el fundamento de fe, debería haber ofrecido ciertos objetos condicionales
agradables a Dios en lugar de la Palabra. Este objeto condicional que debía ser
ofrecido en la familia de Adán en lugar de la Palabra era la ofrenda.
En segundo lugar, para restaurar el fundamento de fe debe haber una figura
central, capaz de restaurar dicho fundamento. La figura central para restaurar
el fundamento de fe en la familia de Adán era naturalmente el mismo Adán. Por lo
tanto, Adán debería ofrecer los sacrificios. El éxito o no en establecer el
fundamento de fe dependía de que los ofreciera de una manera aceptable o no.
El relato bíblico nos muestra que Adán no pudo ofrecer sacrificios, sino que
en su lugar lo hicieron Caín y Abel. ¿Cuál debió ser la razón? De acuerdo con
los principios de la creación, el hombre fue creado originalmente para
relacionarse con un solo señor.
Por consiguiente, Dios no puede llevar a cabo Su providencia dentro de los
principios de la creación con un ser que está en la posición de depender de dos
señores. Si Dios hubiera aceptado a Adán y a su ofrenda, Satán también podría
relacionarse con ellos sobre la base de tener una relación de sangre con Adán.
En ese caso, Adán estaría situado en la posición, fuera del Principio, de tener
que tratar con dos señores, Dios y Satán. Al no poder llevar a cabo esta
providencia fuera del Principio, Dios tuvo que seguir con la providencia de
dividir a Adán, el origen de los dos caracteres, el bueno y el malo, en dos
seres; es decir, el ser que representa el carácter bueno y el ser que representa
el carácter malo. Con este propósito Dios dio a Adán dos hijos, representando el
bien y el mal respectivamente. El hizo que cada uno de ellos ofreciese
sacrificios poniéndolos en las posiciones respectivas de relacionarse con Dios y
con Satán; es decir, los puso en la posición dentro de los principios de la
creación de servir a un solo señor.
Entonces ¿quién de los dos, Caín y Abel, hijos de un mismo padre, tenía que
estar en la posición de relacionarse con Dios, como representación del bien, y
quién en la posición de relacionarse con Satán, como representación del mal?
Tanto Caín como Abel eran el fruto de la caída de Eva. Por lo tanto, esta
cuestión debería ser decidida de acuerdo con el curso de la caída de Eva, que
fue el origen de la caída.
La caída de Eva consistió de dos tipos de relaciones ilícitas de amor. La
primera fue la caída espiritual a través del amor con el arcángel. La segunda
fue la caída física a través del amor con Adán. Ambas son, desde luego,
semejantes en el sentido de que son acciones caídas. Sin embargo cuando queremos
decidir cuál de las dos está más de acuerdo con el Principio y cuál es más digna
de perdón, debemos decir que la segunda acción es relativamente mejor que la
primera. Esto es porque en el segundo acto de la caída, Eva tuvo relaciones con
Adán, quien iba a ser su esposo según el Principio, impulsada por el deseo de
regresar a Dios después de darse cuenta de la naturaleza ilícita de su relación
con el arcángel (ref. Parte I, Cap. II, Sec. II, 2). En el primer acto de la
caída ella tuvo relaciones con el arcángel, quien no era su esposo según el
Principio, impulsada por su excesivo deseo de disfrutar de lo que aún no era
tiempo de disfrutar; es decir, llegar a ser como Dios, con los ojos abiertos
(Gn. 3:5).
Caín y Abel eran los frutos del amor ilícito de Eva. Por consiguiente, Dios
tenía que hacer una distinción entre los dos tipos de actos ilícitos de amor
cometidos centralizados en Eva teniendo en cuenta las condiciones de la caída, y
tenía que poner a Caín y a Abel en las respectivas posiciones representando las
diferentes situaciones. En otras palabras, siendo Caín el fruto del primer amor,
fue situado en la posición de relacionarse con Satán, como la representación del
mal, simbolizando el primer acto caído de amor con el arcángel. Abel, siendo el
fruto del segundo amor, fue situado en la posición de relacionarse con Dios,
como representación del bien, simbolizando el segundo acto caído de amor con
Adán.
Debido a que Satán tomó posesión del mundo que Dios creó, va realizando
previamente, en contra del Principio, un mundo semejante en su forma al mundo de
los principios de Dios.
Originalmente, Dios estableció que el primer hijo debía heredar el derecho de
primogenitura. Por lo tanto, Satán tenía también más apego por el mayor que por
el menor. Además, estando Satán en la posición de gobernador del mundo creado,
pensó tomar a Caín con quien estaba más ligado. Por consiguiente, Dios tomó a
Abel.
Tomemos un ejemplo de la Biblia. Dios dijo a Caín: «Mas, si no obras bien, a
la puerta está el pecado» (Gn. 4:7). Según esto podemos comprender que Caín
estaba situado en la posición de relacionarse con Satán. Cuando los israelitas
huyeron de Egipto, Dios no sólo mató a los primogénitos de los egipcios, sino
también a las primicias del ganado (Ex. 12:29), porque todos ellos estaban en la
posición de objetos de Satán. Por otro lado, cuando los israelitas fueron
llevados a Canaán, sólo los levitas, que estaban en la posición de segundo hijo,
Abel, podían llevar el Arca de la Alianza (Dt. 31:25). Hay también un relato
bíblico que dice que Dios amó al segundo hijo Jacob y odió al primer hijo Esaú,
cuando aún estaban en el vientre de su madre (Gn. 25:23). Es así porque
solamente la distinción de su nacimiento como primer o segundo hijo justificaba
las respectivas posiciones de Caín y Abel. En el caso de la bendición de Jacob a
sus nietos Efraín y Manasés, los bendijo cruzando sus manos y poniendo su mano
derecha sobre la cabeza de Efraín, el más joven, a quien quería dar prioridad
(Gn. 48:14). Es debido también a que Efraín estaba en la posición de Abel.
Conforme a este principio, Dios hizo ofrecer sacrificios a Caín y a Abel,
después de haberlos colocado respectivamente en las posiciones en las que cada
uno podía relacionarse con un solo señor, Dios o Satán (Gn. 4:3-5).
Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín. ¿Cuál debió haber sido
la razón? Dios aceptó la ofrenda de Abel (Gn. 4:4) porque ofreció con buena fe
un sacrificio aceptable ante Dios, en una posición objetiva en que Dios podía
tomarlo (He. 11: 4). De esta forma, fue establecido el fundamento de fe que
debía ser establecido en la familia de Adán. Esto nos enseña igualmente que Dios
está dispuesto a aceptar a todo hombre, aunque sea caído, si se forma una
condición favorable que posibilite a Dios tomarlo. Dios no rechazó la ofrenda de
Caín porque le odiara realmente. Fue porque Dios no podía aceptar su ofrenda a
menos que el propio Caín estableciese una cierta condición que justificara la
aceptación de la ofrenda, pues Caín estaba situado en una posición en la cual
podía ser tomado por Satán.
Por medio de este ejemplo, Dios nos mostró que para que un hombre en la
posición de objeto de Satán vuelva al lado de Dios, debe cumplir una cierta
condición de indemnización. ¿Qué clase de condición de indemnización debería
haber cumplido Caín? Era la condición de indemnización para eliminar la
naturaleza caída de la que trataremos en detalle a continuación.
2. EL FUNDAMENTO DE SUBSTANCIA
Para que la familia de Adán estableciera el fundamento de substancia, Caín
habría tenido que establecer la «condición de indemnización para eliminar la
naturaleza caída», de forma tal que Dios pudiese aceptar su ofrenda con alegría.
¿Cómo debería haber establecido la condición de indemnización para eliminar la
naturaleza caída?
Los primeros antepasados de la humanidad cayeron a causa del arcángel,
heredando así su naturaleza caída. Por consiguiente, para eliminar la naturaleza
caída, el hombre debería haber establecido una condición de indemnización
conforme al principio de la restauración por indemnización, tomando un curso
inverso al camino que lo llevó a adquirir la naturaleza caída.
El arcángel cayó porque fracasó en amar a Adán, a quien Dios amaba más. Por
consiguiente, se originó la naturaleza caída de no tomar la misma actitud que
Dios. Por ello, para eliminar la naturaleza caída, Caín, que estaba en la
posición del arcángel debería haber amado a Abel, que estaba en la posición de
Adán, tomando así la misma actitud que Dios.
Después el arcángel cayó porque fracasó en recibir el amor de Dios a través
de Adán, quien estaba más cerca de Dios como mediador. En lugar de ello, el
arcángel pensó en tomar la posición de Adán. Por consiguiente, apareció la
naturaleza caída de no guardar la propia posición. Para eliminar esta naturaleza
caída, Caín, que estaba en la posición del arcángel, debería haber tomado la
posición de recibir el amor de Dios a través de Abel, que estaba en la posición
de Adán como mediador, siendo capaz en esta situación de guardar su
posición.
El arcángel cayó también porque dominó a Adán y Eva, quienes debían
dominarlo. Por consiguiente, surgió la naturaleza caída de invertir el orden de
dominio. Por lo tanto, para que se pudiera eliminar esta naturaleza caída, Caín,
que estaba en la posición del arcángel, debería haber establecido la ley y el
sistema de orden de dominio situándose en la actitud de obediencia a Abel, que
estaba en la posición de Adán, y dejarse así dominar por él.
La voluntad de Dios de que el hombre realizara el bien, no debiendo comer del
fruto del Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal debería haber sido transmitida
de Dios a Adán, de Adán a Eva y de Eva al arcángel, multiplicando así el bien.
Sin embargo, por lo contrario el arcángel transmitió a Eva la voluntad de
realizar la iniquidad de que el fruto podía ser tomado y comido. Después Eva lo
transmitió a Adán, causando así la caída del hombre. Por lo tanto, apareció la
naturaleza caída de multiplicar los pecados. Con el fin de eliminar este tipo de
naturaleza caída, Caín, que estaba en la posición del arcángel, debería haber
establecido la condición de multiplicar el bien, situándose en una posición muy
cercana a Abel, quien estaba más próximo a Dios que él mismo, y recibir así la
voluntad de realizar el bien a través de Abel.
Mostremos ahora algunos ejemplos correspondientes a las ofrendas de Caín y
Abel. En nuestro ser individual, la mente, que nos dirige hacia el bien (Rm.
7:22) se encuentra en la posición de Abel, mientras que nuestro cuerpo, que
tiende a servir a la ley del pecado (Rm. 7:25) está en la posición de Caín. Por
consiguiente, nuestro ser individual llegará a ser bueno solamente cuando
nuestro cuerpo obedezca las órdenes de nuestra mente. Sin embargo, nuestro
cuerpo siempre se rebela contra las órdenes de la mente, repitiendo así la misma
acción en la que Caín mató a Abel. Por ello, nuestro ser individual se convierte
en malo. Así, la vida religiosa puede ser considerada como la vida cuyo fin es
hacer que nuestro cuerpo obedezca a nuestra mente, dirigida por la voluntad de
Dios, de igual manera que Caín debería haber obedecido a Abel. Además, el hombre
cayó y llegó a ser el ser más perverso de entre todas las cosas (Jer. 17:9);
así, tenía que acercarse a Dios a través de las cosas creadas, poniendo a estas
en la posición de Abel. Esto era la «ofrenda». La tendencia del hombre de buscar
buenos líderes y buenos amigos, considerando el resultado, proviene del deseo de
la mente original de acercarse a Dios, encontrando a alguien en la posición de
Abel más cerca de Dios y uniéndose con él.
La fe cristiana nos enseña a ser mansos y humildes para que podamos
asegurarnos una posición ante Dios, practicando estas virtudes con una persona
de tipo Abel que encontremos en nuestra vida cotidiana. Desde el individuo hasta
la familia, la sociedad, la raza, la nación y el mundo, siempre hay dos tipos de
personas; a saber, el tipo Caín y el tipo Abel. Por consiguiente, para restaurar
todas estas cosas a la posición original de la creación, la persona tipo Caín
debe obedecer y someterse a la persona tipo Abel. Jesús vino como el Abel a
quien toda la humanidad tenía que servir y obedecer. Por ello dijo: «... Nadie
va al Padre sino por mí» (Jn. 14:6).
Si Caín hubiera obedecido a Abel, la familia de Adán habría tenido éxito en
establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída,
alcanzando así el fundamento de substancia sobre el fundamento de fe ya
establecido. Entonces, después de recibir al Mesías, podrían haber restaurado el
fundamento de cuatro posiciones proyectado originalmente en la creación, sobre
el fundamento para recibir al Mesías a nivel familiar. Sin embargo, Caín mató a
Abel, reiterando la naturaleza caída del arcángel que causó la caída del hombre
y así la familia de Adán fracasó en establecer el fundamento de substancia que
debía ser establecido en aquel entonces. Por consiguiente, la providencia de la
restauración centrada en la familia de Adán terminó en un fracaso.
3. EL FUNDAMENTO PARA RECIBIR AL MESIAS EN LA FAMILIA DE ADAN Y SU
PERDIDA.
El fundamento para recibir al Mesías se realiza estableciendo el fundamento
de substancia sobre la base de haber restaurado por indemnización el fundamento
de fe. Desde el punto de vista de la ofrenda de sacrificios, el fundamento de fe
debe ser restaurado presentando de forma aceptable la ofrenda simbólica, y el
fundamento de substancia debe ser realizado presentando de forma aceptable la
ofrenda substancial. Indaguemos, el significado y el propósito de la ofrenda
simbólica y de la ofrenda substancial.
Las tres grandes bendiciones de Dios dadas al hombre, el propósito de Su
creación, tenían que ser realizadas cuando Adán y Eva, después de haber
alcanzado la perfección individualmente, llegaran a ser marido y mujer,
multiplicaran hijos para formar una familia y por último dominaran la creación
entera. Sin embargo, a causa de la caída, las tres grandes bendiciones no fueron
realizadas. Para restaurar esto, debemos seguir el curso inverso y establecer el
fundamento de fe ofreciendo sacrificios simbólicos, a través de los cuales pueda
establecerse al mismo tiempo la condición de indemnización para restaurar todas
las cosas creadas y la condición simbólica de indemnización para restaurar al
hombre.
A continuación, debemos establecer el fundamento para recibir al Mesías,
después de establecer el fundamento de substancia ofreciendo los sacrificios
substanciales que son al mismo tiempo la condición para restaurar a los hijos y,
sobre esta base, para restaurar a los padres. Primeramente, podemos considerar
separadamente el significado y propósito de la ofrenda simbólica.
Como ya se ha visto en el capítulo «La Caída del Hombre», Satán, que llegó a
dominar a los hombres caídos, ha dominado también todas las cosas que estaban
destinadas a estar bajo el dominio del hombre. Por esta razón la Biblia dice que
todas las cosas sufren con dolores de parto (Rm. 8:22). Por consiguiente, el
primer objetivo de las ofrendas simbólicas es establecer la condición de
indemnización para restaurar todas las cosas, que son los objetos substanciales
simbólicos de Dios. Después, el hombre, que por la caída llegó a ser el ser más
perverso de todas las cosas creadas (Jer. 17:9), puede acercarse a Dios yendo a
través de las cosas de la creación, que están más próximas a Dios que él mismo,
según el orden de los principios de la creación. Por consiguiente, el segundo
objetivo de las ofrendas simbólicas es establecer la condición de indemnización
simbólica para restaurar a los hombres substancialmente a Dios.
La ofrenda substancial es una ofrenda de tipo interior; que debe realizarse
después de haber presentado de forma aceptable la ofrenda simbólica de tipo
exterior, siguiendo el modelo de la creación de todas las cosas en primer lugar
y del hombre a continuación. Por consiguiente, debemos primeramente presentar de
forma aceptable la ofrenda simbólica, haciendo así al mismo tiempo la condición
de indemnización para restaurar todas las cosas y la condición simbólica de
indemnización para restaurar al hombre. Sobre esta base debemos hacer las
ofrendas substanciales como condición de indemnización para restaurar al hombre
substancialmente. La ofrenda substancial es establecer la condición de
indemnización para eliminar la naturaleza caída a fin de restaurar al hombre. Si
una persona tipo Caín establece la condición de indemnización para restaurar a
los hijos haciendo la ofrenda substancial con la persona tipo Abel, ésta será
también considerada como la condición de indemnización para restaurar a los
padres, como será explicado más adelante; de esta forma, esta ofrenda
substancial será una ofrenda aceptable.
Para que la familia de Adán estableciese el fundamento para recibir al
Mesías, el propio Adán debía primeramente establecer el fundamento de fe por
medio de la ofrenda simbólica. Como hemos dicho anteriormente, la ofrenda no fue
hecha por Adán, porque si Adán hubiera ofrecido los sacrificios, tanto Dios como
Satán habrían podido reclamarlos, encontrándose así en una posición contraria al
Principio. Además, hay otra razón desde el punto de vista del sentimiento y el
corazón. El Adán caído era de hecho la mismísima persona que causó la aflicción
de Dios por miles de generaciones. Por ello, Adán no podía ser de ningún modo el
objeto del corazón de Dios, con quien Dios pudiese relacionarse directamente en
Su providencia de la restauración.
Por lo tanto, Dios hizo ofrecer los sacrificios simbólicos al segundo hijo
Abel, en lugar de Adán. Así fueron establecidas al mismo tiempo la condición de
indemnización para restaurar todas las cosas y la condición simbólica de
indemnización para restaurar a los hombres. Entonces, si sobre esta base Caín y
Abel hubieran establecido la condición de indemnización para restaurar a los
hijos mediante la ofrenda substancial, Adán, como el padre, se habría situado
sobre este fundamento de substancia y se habría realizado así el fundamento para
recibir al Mesías en aquel tiempo.
Con el fin de ofrecer los sacrificios substanciales estableciendo la
condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, se debía escoger
primeramente la figura central para ofrecer el sacrificio. Por ello, debemos
comprender que la ofrenda simbólica de Abel tenía dos objetivos: en primer
lugar, establecer el fundamento de fe en lugar de Adán, y en segundo lugar,
calificar a Abel como la figura central para hacer la ofrenda substancial.
Caín tenía que establecer la condición de indemnización para eliminar la
naturaleza caída, y debemos saber qué consecuencias habría tenido que la familia
de Adán estableciera la condición en su totalidad. Si los antepasados humanos
hubieran obedecido las palabras de Dios, la voluntad de Dios habría sido
realizada en aquel tiempo; si el pueblo judío hubiera creído en Jesús, la
voluntad de Jesús podría haber sido realizada en su vida. En este caso
igualmente, si Caín hubiera cumplido la condición de indemnización para eliminar
la naturaleza caída obedeciendo a Abel, ambos, Caín y Abel podrían haber estado
en la posición de haber establecido como hijos la condición de indemnización
para eliminar la naturaleza caída. Ya que Caín y Abel eran los seres
substanciales derivados de la división de Adán, quien era la fuente del bien y
del mal, Adán, como el padre, se podría haber separado de Satán sobre la base
del fundamento de substancia establecido, si Caín y Abel hubieran hecho la
condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída separándose de
Satán. Entonces, el fundamento para recibir al Mesías podría haber sido
establecido en la familia de Adán. De esta forma, la condición de indemnización
para restaurar a los padres podía ser establecida por medio de la ofrenda
simbólica y la ofrenda substancial.
Abel ofreció un sacrificio aceptable. Por ello, se estableció con éxito la
condición para restaurar por indemnización el fundamento de fe, centrado en
Adán, y la posición de Abel como la figura central para hacer la ofrenda
substancial. Sin embargo, como Caín mató a Abel, cayeron de nuevo en el mismo
estado del arcángel y Eva después de la caída. Por lo tanto, la ofrenda
substancial fue un fracaso. No pudieron establecer la condición de indemnización
para eliminar la naturaleza caída. Por consiguiente, fracasaron también en el
establecimiento del fundamento de substancia. Esto les impidió establecer el
fundamento para recibir al Mesías. Por ello, la providencia de la restauración
centrada en la familia de Adán no pudo ser realizada.
4. LECCIONES APRENDIDAS DE LA FAMILIA DE ADAN
En primer lugar, el fracaso de la providencia de la restauración centrada en
la familia de Adán nos muestra la predestinación de Dios de la realización de la
voluntad y Su actitud con respecto a la parte de responsabilidad del hombre.
Originalmente, la predestinación de la voluntad de Dios podía ser realizada
solamente cuando se unieran la parte de responsabilidad de Dios y la parte de
responsabilidad del hombre. Dios no podía instruir a Caín y Abel sobre la forma
de ofrecer los sacrificios porque la decisión de Caín de ofrecer o no los
sacrificios a través de Abel era su parte de responsabilidad.
En segundo lugar, después de que Caín mató a Abel, Dios siguió Su providencia
a través de Set. Esto nos muestra que la predestinación de Dios de Su voluntad
es absoluta, mientras que Su predestinación para que el hombre lleve a cabo Su
voluntad es relativa. Dios predestinó que Abel llegara a ser la figura central
de la ofrenda substancial, cumpliendo su propia parte de responsabilidad en
correspondencia a la parte de responsabilidad de Dios. Por consiguiente, cuando
Abel falló en cumplir su parte de responsabilidad, Dios se propuso llevar a cabo
Su voluntad, que estaba predestinada de forma absoluta, poniendo a Set en su
lugar.
En tercer lugar, las ofrendas de Caín y Abel nos muestran que todo hombre
puede cumplir la voluntad de Dios cuando encuentra a una persona tipo Abel y le
obedece en completa sumisión.
Por otra parte, la misma providencia que Dios tenía la intención de realizar
en la familia de Adán se ha estado repitiendo desde entonces, a causa de los
continuos fracasos originados por la incredulidad del hombre. Por consiguiente,
esta providencia continúa siendo nuestro propio curso de indemnización hoy día.
La providencia de la restauración centrada en la familia de Adán es una lección
viviente para nosotros, que nos muestra el curso modelo a seguir.
SECCION II
La Providencia de la Restauración Centrada
en la Familia de Noé
La providencia de la restauración centrada en la familia de Adán no se
realizó debido a que Caín mató a Abel. Sin embargo ya que la voluntad de Dios de
realizar el propósito de la creación es absoluta e incambiable, El estableció a
Set en lugar de Abel sobre la base de que Abel había sido leal y filial de
corazón (Gn. 4:25).
Entonces de entre sus descendientes Dios escogió a la familia de Noé para
sustituir a la familia de Adán y recomenzó Su providencia. Dios dijo:
«He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencia
por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra». (Gn.
6:13)
El llevó a cabo el juicio del diluvio. Esto nos muestra claramente que
aquellos tiempos también fueron los Ultimos Días. Es así porque Dios se
determinó a realizar el propósito de la creación enviando al Mesías, sobre el
fundamento que estableciera la familia de Noé después del juicio del diluvio. La
familia de Noé tenía que establecer la condición de indemnización para restaurar
el fundamento de fe, y basado sobre éste tenía que establecer la condición de
indemnización para restaurar el fundamento de substancia. Haciendo estas cosas,
la familia de Noé habría restaurado a través de indemnización el fundamento para
recibir al Mesías, que la familia de Adán había fallado en establecer.
1. EL FUNDAMENTO DE FE
(1) La figura central para restaurar el fundamento de
fe
En la providencia de la restauración centrada en la familia de Noé, la figura
central para restaurar el fundamento de fe era Noé. Dios lo llamó después de
diez generaciones, mil seiscientos años después de Adán, con el fin de realizar
la voluntad que fracasó con Adán. Por consiguiente, Dios bendijo a Noé para que
creciera y se multiplicase (Gn. 9:7), tal y como lo hizo con Adán (Gn. 1:28). En
ese sentido Noé es el segundo progenitor humano.
Noé fue llamado cuando la tierra estaba llena de violencia a causa de los
hombres (Gn. 6:11), y trabajó en el arca durante ciento veinte años en la
montaña, en obediencia al mandato de Dios, pese a todas las risas y burlas de la
gente. Sobre esa condición, Dios pudo aventurarse a juzgar la tierra con el
diluvio, centrado en la familia de Noé. Bajo este aspecto, Noé es el primer
padre de la fe. Sabemos que Abraham es el padre de la fe, pero originalmente iba
a serlo Noé. Debido al acto pecaminoso de su hijo Cam, la misión de Noé como
padre de la fe fue transferida a Abraham.
Adán debía ser la figura central para restaurar el fundamento de fe, pero por
las razones citadas anteriormente, él mismo no podía ofrecer los sacrificios.
Sin embargo, Noé fue llamado sobre el fundamento de fidelidad y de espíritu
filial que había mostrado Abel ofreciendo de forma aceptable los sacrificios
simbólicos. Además, como puede verse por su linaje, era descendiente de Set (Gn.
4:25), llamado en lugar de Abel. Por otro lado, era un hombre justo a los ojos
de Dios (Gn. 6:9). Por lo tanto, pudo ofrecer los sacrificios simbólicos
directamente, construyendo el arca obedeciendo a la voluntad de Dios.
(2) El objeto condicional para restaurar el fundamento de
fe
Para Noé, el objeto condicional que hacía posible la restauración del
fundamento de fe era el arca. ¿Qué significaba el arca? Para que Noé pudiera
situarse en la posición de Adán como el segundo progenitor de la humanidad,
tenía que establecer la condición para restaurar por indemnización el universo
entero que se encontraba bajo el control satánico a causa de la caída de Adán.
En consecuencia, tuvo que ofrecer como sacrificio, de una forma aceptable para
Dios, cierto objeto condicional que simbolizaba el nuevo universo. El arca era
su objeto condicional.
Esta se componía de tres pisos, que simbolizaban al universo creado a través
de las tres etapas de crecimiento. Los ocho miembros de la familia de Noé que
entraron en el arca debían restaurar por indemnización a los ocho miembros de la
familia de Adán, que habían caído en el seno de Satán. Ya que el arca era el
símbolo de todo el universo, el señor del arca, Noé, simbolizaba a Dios. Su
familia simbolizaba a la humanidad y los animales simbolizaban a toda la
creación.
¿Cuál fue el propósito de los cuarenta días de juicio de Dios por el diluvio
que tuvo lugar después de acabar el arca? Según los principios de la creación,
el hombre fue hecho para servir a un solo señor. Dios no podía llevar Su
providencia de forma contraria al Principio entrando en relación con la
humanidad, mientras que el hombre permaneciera bajo la dominación de Satán a
causa de su propio libertinaje.
Por consiguiente, Dios ejecutó la providencia del juicio por el diluvio para
exterminar a los hombres sometidos a Satán y para establecer a los objetos
mediante los cuales pudiera cumplir Su providencia. ¿Por qué decidió que Su
juicio durara cuarenta días? Como se verá más adelante (ref. Parte II, Cap. III,
Sec. II, 4), el número «diez» es el número de la unidad. Por consiguiente, Dios
estableció a Noé diez generaciones después de Adán para restaurar por
indemnización el ideal dejado sin cumplir a causa de la caída de Adán. Dios
estableció el período de indemnización para restaurar el número «diez» como un
segundo intento de unificación. A lo largo de las diez generaciones hasta Noé,
Dios también siguió la providencia de establecer a cada generación como el
período de indemnización para restaurar el número «cuatro», y así cumplir el
propósito del fundamento de cuatro posiciones. Por lo tanto, el período que va
de Adán a Noé fue el período de indemnización para restaurar el número
«cuarenta». A causa del libertinaje de los hombres de aquella época, el período
de indemnización del número «cuarenta» fue invadido por Satán. Para poder
comenzar de nuevo Su providencia para realizar el fundamento de cuatro
posiciones a través del arca de Noé, Dios se propuso restaurar el fundamento de
fe estableciendo el período de cuarenta días de juicio como período de
indemnización para restaurar el número «cuarenta» invadido por Satán.
De esta forma, el número «cuarenta» llegó a ser necesario como el número para
separar al hombre de Satán, con el fin de restaurar más tarde el fundamento de
fe, en el curso providencial de la restauración por indemnización. Por ejemplo,
vemos muchos casos comparables a los cuarenta días de juicio de la época de Noé;
el período de 400 años que va de Noé a Abraham; los cuatrocientos años de
esclavitud de los israelitas en Egipto; los 40 años errando en el desierto; los
40 días de ayuno de Moisés; los 40 años de reinado de cada uno de los reyes
Saúl, David y Salomón; los 40 días de ayuno de Elías; los 40 días de predicación
por Jonás sobre la destrucción de Nínive; los 40 días de ayuno y oración de
Jesús; y el período de 40 días después de su resurrección. Todos son períodos de
indemnización para la separación de Satán.
Leemos también en la Biblia que después del juicio, Noé soltó por la ventana
del arca un cuervo y una paloma. Estudiemos ahora qué clase de providencia para
el futuro anunciaba Dios a través de esto, pues Dios dijo: «No, no hace nada el
Señor Yahvéh sin revelar su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3:7). El
período de cuarenta días de juicio como la condición de indemnización para
restaurar el universo se corresponde al período del caos (Gn. 1:2). Por
consiguiente, todas las cosas centradas en el arca después de los cuarenta días
son la representación simbólica del curso entero de la historia que comienza
después de que Dios terminara Su creación del cielo y de la tierra.
¿Qué quería predecir Dios cuando Noé echó por la ventana del arca un cuervo
(Gn. 8:6-7) que voló alrededor hasta que las aguas bajaron? Esto indicaba que
Satán estaba al acecho detrás de la puerta de la familia de Noé, incluso después
del juicio del diluvio, buscando la condición que le permitiera invadirla, tal
como el arcángel buscaba una oportunidad de ganar el amor de Eva poco después de
la creación del hombre, y de la misma forma que Satán esperaba la ocasión
favorable de invadir a Caín y Abel, cuando ofrecían los sacrificios (Gn.
4:7).
Entonces ¿qué quería predecir Dios cuando Noé soltó por tres veces una paloma
por la ventana del arca? En la Biblia se dice que la paloma fue enviada para
descubrir si el agua había bajado. Sin embargo, si éste hubiera sido el único
fin, podemos pensar que Noé podría haber mirado directamente por la ventana para
saberlo por sí mismo, en lugar de enviar una paloma. Por consiguiente, podemos
figurarnos que el propósito del envío de la paloma se hallaba en algo más
importante que el hecho de ver si el agua había bajado.
Debemos comprender el significado de la providencia de Dios en esta
situación. El diluvio llegó siete días después de que Dios había anunciado por
Noé el juicio del diluvio (Gn. 7:10). Después del período de 40 días de juicio,
Noé envió por primera vez la paloma. La Biblia dice que la paloma salió y voló
de un lado a otro por encima del agua pero que, al no encontrar ningún lugar
donde posarse, volvió y Noé la hizo entrar en el arca (Gn. 8:9). La primera
paloma simbolizaba al primer Adán. Por consiguiente, este relato significa que
Dios creó al hombre sobre la tierra de forma que Su ideal de la creación, que
estaba en El antes de crear, pudiese realizarse en Adán como la perfecta
encarnación. Pero, por la caída de éste, Dios no pudo realizar Su ideal de la
creación sobre la tierra mediante Adán, así Dios tuvo que retirar Su ideal de la
tierra por aquel entonces y dejar esto para más tarde.
Siete días más tarde, Noé envió a la paloma por segunda vez. No pudo posarse
entonces sobre la tierra porque las aguas no habían bajado. Volvió al arca con
una rama de olivo en su pico, indicando que podría posarse la próxima vez (Gn.
8:10-11). La segunda paloma simbolizaba a Jesús, pues era el segundo Adán, que
vendría como la perfecta encarnación del ideal de la creación. Por consiguiente,
este segundo pasaje significa que Jesús vendría a la tierra para completar la
providencia de la restauración. Pero en el caso de que el pueblo judío cayera en
la incredulidad, Jesús volvería al seno de Dios por medio de la cruz, dejando la
promesa de volver, ya que sin un lugar donde «posar sus pies» no podría realizar
la voluntad sobre la tierra. Por supuesto, esta predicción indica que si las
aguas se hubieran secado de modo que la paloma hubiera podido posarse en tierra
y encontrar algo para comer, no habría tenido que regresar al arca, pero tuvo
que hacerlo porque el agua aún no había bajado. De la misma forma, esto nos
muestra que si el pueblo judío hubiera creído en Jesús y le hubiera servido,
Jesús no habría tenido que morir, pudiendo entonces realizar el Reino de los
Cielos sobre la tierra en aquel tiempo. Pero en el caso de que hubiese falta de
fe, Jesús tendría que morir en la cruz, y volvería más tarde, en un momento más
favorable.
Después de otro período de siete días, Noé envió a la paloma por tercera vez.
Está escrito que esta vez la paloma no volvió al arca porque las aguas se habían
secado (Gn. 8:12). La tercera paloma simbolizaba al Señor de la Segunda Llegada
que vendrá como el tercer Adán. Por consiguiente, este pasaje nos muestra que,
cuando Cristo vuelva será capaz de realizar indefectiblemente el ideal divino de
la creación sobre la tierra, de forma que el ideal no tendrá que volver nunca
más al seno de Dios. Cuando Noé vio que la tercera paloma no volvía, entonces
descendió del arca a tierra y disfrutó del nuevo cielo y la nueva tierra. Esto
nos anuncia que cuando el ideal de la creación sea realizado sobre la tierra por
el tercer Adán, entonces la nueva Jerusalén descenderá del cielo y la morada de
Dios estará con los hombres (Ap. 21:1-3).
El relato del envío de la paloma por tres veces nos muestra que, como ha sido
aclarado en el capítulo sobre la predestinación, la providencia de Dios para la
restauración podría ser prolongada en caso de que el hombre, quien es el objeto
de la providencia, no pudiera cumplir su parte de responsabilidad. Esto predice
que, como consecuencia del fracaso de Adán en el cumplimiento de su
responsabilidad a causa de su incredulidad, tendría que venir Cristo como el
segundo Adán, y que si el pueblo judío fracasaba en el cumplimiento de su
responsabilidad a causa de su incredulidad, Jesús tendría que morir en la cruz y
por lo tanto Cristo tendría que volver como el tercer Adán. El período de siete
días nos muestra que, así como la creación de Dios duró siete días, hace falta
también un cierto período de tiempo en la providencia para restaurar el elemento
de tiempo perdido.
Al mismo tiempo, la familia de Noé pudo restaurar por indemnización el
fundamento de fe, estableciendo de forma aceptable el arca, como la condición
para restaurar el fundamento a través del juicio de cuarenta días.
2. EL FUNDAMENTO DE SUBSTANCIA
Noé restauró por indemnización el fundamento de fe teniendo éxito en
presentar de forma aceptable la ofrenda simbólica del arca a Dios. Haciendo
esto, Noé estableció al mismo tiempo la condición de indemnización para la
restauración de la creación y también la condición de indemnización para la
restauración simbólica de los hombres. A continuación, si los hijos de Noé, Sem
y Cam, hubieran tenido éxito en la ofrenda substancial estableciendo la
condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, en las respectivas
posiciones de Caín y Abel, el fundamento de substancia podría haber sido
establecido en aquel tiempo.
Para que la familia de Noé realizara de forma aceptable la ofrenda
substancial, después del éxito en la ofrenda simbólica, el segundo hijo, Cam,
que era la figura central en la ofrenda substancial, debería haber restaurado la
posición del segundo hijo, Abel, que había sido la figura central en la ofrenda
substancial de la familia de Adán. En el caso de la familia de Adán, Abel, el
hijo, presentó la ofrenda simbólica en lugar de Adán. Por consiguiente, al tener
éxito en esta ofrenda, Abel pudo restaurar por indemnización el fundamento de
fe, mientras que al mismo tiempo se calificó para ser la figura central en la
ofrenda substancial. Sin embargo, en el caso de la familia de Noé, el mismo Noé
ofreció el sacrificio simbólico. Para que Cam pudiese colocarse en la posición
de Abel, quien había tenido éxito en la ofrenda simbólica, debería haber
permanecido en una posición de inseparable unidad con el corazón y los
sentimientos de Noé, quien había tenido éxito en la ofrenda simbólica.
Examinemos cómo llevó a cabo Dios Su providencia para que Cam pudiese situarse
en esta posición.
Leemos (Gn. 9:20-26) que Cam, viendo a su padre Noé echado desnudo en la
tienda, no sólo se sintió avergonzado, sino incluso sintió desagrado, y
transmitió el mismo sentimiento a sus hermanos Sem y Jafet. Entonces ellos
también se turbaron a causa de Cam por el mismo sentimiento y se avergonzaron de
la desnudez de su padre; y en un esfuerzo por no ver aquella escena, volvieron
sus caras y caminaron de espaldas para cubrir el cuerpo de su padre con un
manto. Sin embargo, esto constituyó una falta tan grande que Noé maldijo a Cam,
diciendo que su hijo Canaán sería esclavo de sus hermanos.
¿Por qué obró Dios en Su providencia de esta forma y por qué el sentimiento
de vergüenza ante la desnudez de Noé fue un pecado tan grande? Para comprender
esto, determinemos primeramente qué es el pecado. Satán no puede generar el
poder de la existencia y de la acción a menos que encuentre un objeto con el que
pueda formar una base recíproca que permita una relación mutua de dar y tomar.
Por consiguiente, el pecado se crea cada vez que un ser establece una condición
que permite a Satán invadirle y, por lo tanto, llegar a ser así un objeto con el
cual Satán puede trabajar.
A continuación, debemos comprender por qué Dios probó a Cam a través de la
desnudez de Noé. Ha sido ya aclarado que el arca simbolizaba al universo entero
y que todos lo hecho ocurridos inmediatamente después de la ofrenda aceptable
del arca, por los cuarenta días de juicio, simbolizaban todos los
acontecimientos después de la creación del universo. En consecuencia, la
posición de Noé después de los cuarenta días de juicio era idéntica a la de Adán
después de la creación del universo.
Podemos imaginarnos fácilmente con qué libertad y afecto vivirían Adán y Eva
el uno con el otro después de la creación, y qué francos y sin secretos estarían
ante Dios. Podemos sacar esta conclusión del hecho de que no tenían el
sentimiento de vergüenza, aunque estaban desnudos (Gn. 2:25). Después de la
caída, se avergonzaron de la desnudez de sus partes bajas, las cubrieron con
hojas de higuera y se escondieron de los ojos de Dios, temiendo que pudiera
verles (Gn. 3:7). Por consiguiente, su actitud provocada por el sentimiento de
vergüenza de sus partes bajas era una expresión de su estado de ánimo debido a
su relación de sangre pecaminosa con Satán, que fue cometida con sus partes
bajas. La acción de esconderse tapando sus partes bajas era la expresión de su
conciencia culpable, que les impedía aparecer ante Dios después de su relación
de sangre con Satán.
Noé, en la posición separada de Satán por el juicio de cuarenta días, estaba
situado en la posición de Adán inmediatamente después de la creación del
universo. En este caso, Dios quería restaurar por indemnización el corazón y el
sentimiento de alegría, que El había experimentado viendo al hombre
inocentemente desnudo y sin secretos antes de cometer el pecado, al contemplar
que la familia de Noé no sintiera vergüenza ni tratara de ocultarse al ver la
desnudez de su padre. Dios permitió que Noé se tendiera desnudo, con el fin de
realizar este deseo tan profundo. Por consiguiente, Cam podría haber establecido
la condición de indemnización para restaurar la posición de la familia de Adán
antes de haber conocido la vergüenza a causa del primer pecado, sobre el
fundamento de su inseparable unidad con Noé, relacionándose con él sin ninguna
vergüenza; es decir, desde la misma posición y con el mismo corazón que
Dios.
Sin embargo; los hijos de Noé se avergonzaron de la desnudez de su padre y lo
cubrieron con un manto, mostrando así que no podían presentarse ante Dios porque
tenían vergüenza de su relación de sangre con Satán, como sucedió en la familia
de Adán después de la caída. Por consiguiente, Satán, que había estado acechando
para ver si encontraba una condición que le permitiera invadir a la familia de
Noé, como había sido anunciado por medio del cuervo, reclamó a los hijos de Noé
como sus objetos, porque habían mostrado ser descendientes directos de él.
De esta forma, la actitud de Cam sintiéndose avergonzado de la desnudez de su
padre llegó a ser un pecado, porque creó una condición que permitió a Satán
reclamarlo. Por lo tanto, Cam fracasó en restaurar por indemnización la posición
de Abel, en la cual debía ofrecer un sacrificio substancial, y fracasó en el
establecimiento del fundamento de substancia. Así, la providencia de la
restauración centrada en Noé acabó en un fracaso.
¿Sentir vergüenza de su desnudez sería un pecado para todo el mundo? No. Noé
tenía la misión de eliminar todas las condiciones que permitieran la invasión de
Satán, porque Noé estaba substituyendo a Adán. Por consiguiente, la familia de
Noé debería haber establecido la condición de indemnización para restaurar la
posición de la familia de Adán antes de la relación de sangre con Satán,
demostrando que ellos no sentían vergüenza de la desnudez y por lo tanto que no
se preocupaban de cubrirla. Consecuentemente, la condición de indemnización de
mostrar que no sentían vergüenza de la desnudez, ni preocupación de cubrirla,
era una condición que sólo podía establecer la familia de Noé, porque estaba en
la posición de la familia de Adán.
3. LECCIONES APRENDIDAS DE LA FAMILIA DE NOE
No es fácil comprender por qué Noé construyó un arca sobre la montaña durante
ciento veinte largos años. Cam sabía que la familia de Noé había sido salvada
gracias al duro trabajo de su padre, trabajo por el cual recibió burlas y
críticas. Considerando todas estas cosas, Cam debería haber visto las obras de
su padre como buenas y llenas de significado, aunque le desagradase verlo
desnudo.
En lugar de confiar en Noé, que estaba del lado de Dios, Cam lo criticó según
su punto de vista personal y mostró su desagrado por su acción. Por
consiguiente, la providencia centrada en la familia de Noé, que Dios había
establecido mediante el juicio de los cuarenta días de diluvio, 1.600 años
después de Adán, acabó en un fracaso. Esto nos muestra que necesitamos paciencia
y obediencia para seguir el camino del cielo.
Aparte de esto, la providencia de Dios con la familia de Noé nos muestra Su
actitud con respecto a la predestinación y el cumplimiento de la propia
responsabilidad del hombre. Sabemos suficientemente bien que Dios había
encontrado a la familia de Noé después de 1.600 años de búsqueda, la dirigió
durante ciento veinte años hasta que Noé acabó el arca, y la protegió durante el
sacrificio de toda la humanidad por los cuarenta días de diluvio. Sin embargo,
cuando Satán invadió a la familia por la falta de Cam, Dios abandonó sin
contemplaciones a la familia entera, que era el objeto de Su providencia de la
restauración, y así, Su providencia centrada en la familia de Noé terminó en un
fracaso.
Además, la providencia con la familia de Noé nos muestra cómo es la
predestinación de Dios para el hombre. No debemos olvidar que a pesar de haber
encontrado a Noé como padre de la fe al cabo de un período tan largo, Dios
abandonó a la familia una vez que hubo fracasado en el cumplimiento de su parte
de responsabilidad y en su lugar eligió a la familia de Abraham.
SECCION III
La Providencia de la Restauración Centrada
en la Familia de Abraham
A causa del acto caído de Cam, la providencia de la restauración centrada en
la familia de Noé no se realizó. Sin embargo, dado que Dios predestina de una
forma absoluta la voluntad de realizar el propósito de la creación, llamó a
Abraham sobre el fundamento del corazón que Noé había establecido por su
lealtad, y comenzó de nuevo Su providencia de la restauración centrada en la
familia de Abraham.
Por lo tanto, Abraham tenía que restaurar el fundamento para recibir al
Mesías, que la familia de Noé había dejado incompleto, y debería recibir al
Mesías sobre este fundamento. Por consiguiente, Abraham también tenía que
restaurar por indemnización el fundamento de fe y, sobre éste, el fundamento de
substancia.
1. EL FUNDAMENTO DE FE
(1) La figura central para restaurar el fundamento de
fe
La figura central para restaurar el fundamento de fe en la providencia de la
restauración centrada en la familia de Abraham era el mismo Abraham. Por ello,
Abraham fue escogido como el personaje central para hacerse cargo de la voluntad
de Dios y llevarla a cabo. Por consiguiente, si Abraham no restauraba por
indemnización todas las condiciones invadidas por Satán a causa del acto
pecaminoso de Cam, fracasaría en la misión de cumplir la voluntad de Dios
centrada en Noé, pues había sido escogido para realizar el mismo curso.
La primera condición que Noé perdió en manos de Satán fue las diez
generaciones desde Adán hasta Noé, así como los cuarenta días. Por lo tanto,
Abraham debía restaurar por indemnización estas diez generaciones perdidas.
Entonces, tenía que restaurar el número «cuarenta» del juicio, colocándose en la
posición de cada una de las diez. El cálculo de 40 años para la restauración por
indemnización de cada generación se originó a causa del fracaso de una
generación (la de Noé), que debía ser restaurada a través de un período de
cuarenta días. Más tarde, en el curso de Moisés los israelitas restauraron por
indemnización el fracaso de los cuarenta días de exploración en Canaán por el
período de cuarenta años errantes en el desierto (Num. 14:34). Dios escogió a
Abraham en lugar de Noé después de un período de 400 años de indemnización y
diez generaciones a partir de Noé. De esta forma, al acortarse la duración de la
vida humana después de Noé, la época en la cual se habían restaurado diez
generaciones en un período de 1.600 años pasó a ser la época en la cual las diez
generaciones se podían restaurar en un período de 400 años.
La segunda condición de la que Noé se vio desposeído por Satán fue la
posición del padre de la fe, así como la posición de Cam, que se hallaba en el
lugar de Abel. Por consiguiente, Abraham no podía colocarse en la posición de
Noé a menos que restaurase por indemnización la posición de Cam y la del padre
de la fe. Para ello Abraham, sustituyendo a Noé, tenía que ofrecer un sacrificio
simbólico con fe y lealtad, tal y como lo hizo Noé construyendo el arca.
Como se ha expuesto anteriormente, Dios tuvo también que dejar a Cam en manos
de Satán; Cam estaba en la posición de Abel, a quien Dios amaba (los dos eran
segundos hijos que desempeñaban el papel central en las ofrendas substanciales).
Por lo tanto, Dios a su vez tuvo que tomar, conforme al principio de
restauración por indemnización, a los que se hallaban en la posición de ser más
amados por Satán. Por esto Dios llamó a Abraham, el primer hijo de Téraj, que
era un fabricante de ídolos (Jos. 24:2-3).
Abraham era el personaje que representaba al Adán restaurado, porque era el
sustituto de Noé y, naturalmente, del mismo Adán. Por lo tanto, Dios bendijo a
Abraham diciéndole que sus descendientes se multiplicarían, que una gran nación
nacería de él y que sería fuente de bendición, tal como Dios había bendecido
anteriormente a Adán y a Noé (Gn. 12:2). Después de esta bendición, Abraham en
obediencia al mandamiento de Dios, dejó la casa de su padre en Jarán y entró en
Canaán con su mujer Sara, su sobrino Lot y todas las riquezas y personas que
pudo tomar de su casa (Gn. 12:4-5). De esta forma, Dios estableció el curso de
Abraham como el curso modelo que Jacob y Moisés seguirían más tarde; es decir,
restaurar a su mujer, hijos y riquezas, llevando a Canaán todo lo que había
arrebatado al mundo satánico (Jarán y Egipto) bajo circunstancias difíciles.
Esto anunciaba el curso futuro de Jesús: a saber, restaurar a todos los
hombres y cosas tomadas del mundo satánico (ref. Parte II, Cap. II, Sec. I, 2),
llevándolos al mundo de Dios.
(2) El objeto condicional para restaurar el fundamento de
fe
(i) La ofrenda simbólica de Abraham
Dios mandó a Abraham que ofreciese en sacrificio una paloma, un carnero y una
novilla, siendo todas estas cosas el objeto condicional para restaurar el
fundamento de fe (Gn. 15:9). Así como Noé había demostrado fe antes de ofrecer
el sacrificio simbólico del arca, Abraham también tuvo primeramente que probar
su fe antes de ofrecer el sacrificio simbólico. La Biblia no contiene ningún
relato preciso de cómo Noé probó su fe. Sin embargo, dice que era un hombre
justo (Gn. 6: 9), y podemos imaginarnos que debió haber establecido ciertas
condiciones de fe antes de ser suficientemente justo a los ojos de Dios, como
para recibir el mandamiento divino de la construcción del arca. De hecho, la
providencia de la restauración debe realizarse por medio de la fe; pues la fe y
el que es justo por la fe, son reconocidos por Dios (Rm. 1:17). Examinemos ahora
qué tipo de fe estableció Abraham antes de ofrecer su sacrificio simbólico.
Abraham tenía que restaurar la posición de Noé, el segundo progenitor de la
humanidad. Debía igualmente situarse en la posición de Adán. Por consiguiente,
antes de ofrecer el sacrificio simbólico tenía que establecer la condición
simbólica de indemnización para la restauración de la posición de la familia de
Adán.
El arcángel tomó a Eva cuando Adán y Eva estaban aún en la posición de
hermanos en un estado de inmadurez, llevando a todas las cosas creadas, así como
a sus propios hijos a estar bajo su dominio. Con el fin de que Abraham
estableciese la condición para restaurar por indemnización la situación arriba
mencionada, fue privado por el Faraón, que simbolizaba a Satán, de su esposa
Sara, que estaba en la posición de hermana de Abraham. Entonces tuvo que tomar
de nuevo a Sara, en la posición de su esposa, juntamente con Lot, simbolizando a
toda la humanidad, y sus riquezas simbolizando el mundo de la creación (Gn.
14:16). El curso de Abraham fue por lo tanto, el curso que Jesús debería seguir
más tarde. Una vez que Abraham estableció esta condición de indemnización, pudo
ofrecer el sacrificio simbólico con la paloma, el carnero y la novilla.
¿Qué significa el sacrificio simbólico de Abraham? Para que Abraham llegara a
ser el padre de la fe, tenía que restaurar por indemnización la posición de Noé,
a quien Dios pensó establecer como el padre de la fe, así como la posición de la
familia de Noé. Naturalmente, también tenía que situarse en la posición de Adán
y su familia. Por lo tanto, tenía que ofrecer un objeto condicional como un
símbolo que le permitiera restaurar por indemnización todas las cosas que
estaban destinadas a ser restauradas en la familia de Adán, teniendo por centro
las ofrendas de Caín y Abel. Además, tenía que ofrecer como sacrificios
aceptables ante Dios, ciertas cosas simbólicas con el fin de restaurar por
indemnización todas las cosas que deberían haber sido restauradas teniendo por
centro el arca de la familia de Noé. Las ofrendas simbólicas de Abraham eran de
esta naturaleza.
¿Qué simbolizaban entonces los sacrificios de Abraham, a saber, la paloma, el
carnero y la novilla? Estas tres ofrendas simbolizaban al universo entero que
fue creado para alcanzar la perfección, a través de tres etapas de crecimiento.
Primeramente, la paloma simbolizaba la etapa de formación. Jesús vino como la
perfección de la providencia en la etapa de formación que estaba representada
por las palomas. Por esta razón, cuando Jesús fue bautizado por Juan Bautista en
el Jordán, el Espíritu de Dios descendió como una paloma, que se posó sobre él
(Mt. 3:16). Por otro lado, Jesús vino para restaurar el fallo de Abraham en su
ofrenda. Naturalmente, tenía que estar en la posición de haber restaurado la
paloma que fue invadida por Satán en aquel tiempo. Por consiguiente, Dios mostró
por medio de la paloma que Jesús venía como la perfección de la providencia del
Antiguo Testamento en la etapa de formación.
A continuación, la cabra o el carnero simbolizaban la etapa de crecimiento.
Jesús vino para restaurar el fracaso de Abraham en la ofrenda. Sobre el
fundamento de la providencia del Antiguo Testamento, habiendo restaurado todas
las cosas simbolizadas por la paloma, tenía también que restaurar todas las
cosas simbolizadas por la cabra o el carnero, como quien iba a comenzar la
providencia del Nuevo Testamento en la etapa de crecimiento. Un día después de
que Juan Bautista dio testimonio de que Jesús era la perfección de la
providencia en la etapa de formación, simbolizada por la paloma, de nuevo dio
testimonio de Jesús, como el que iba a comenzar su misión en la etapa de
crecimiento. Cuando vio venir a Jesús hacia él, dijo: «He ahí el Cordero de
Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:29).
La novilla simbolizaba la perfección. Leemos en Jueces 14:18 que ante la
adivinanza puesta por Sansón, los filisteos pudieron responder haciendo que la
mujer de Sansón le tentase y le presionase mucho para obtener la respuesta.
Entonces Sansón les dijo: «Si no hubiérais arado con mi novilla, no habríais
acertado mi adivinanza». De esta forma, Sansón llamó metafóricamente novilla a
su mujer. Ya que Jesús vino como el novio para toda la humanidad, todos los
santos hasta el tiempo de la Segunda Llegada, son cada uno como una «novia» de
Jesús, el novio venidero. Sin embargo, después de las Bodas del Cordero, cuando
todos los santos como novias, estén unidos con el Señor, vivirán en el Reino de
Dios Celestial con Cristo como esposo, no siendo meramente novia sino esposa.
Por consiguiente, debemos saber que la Era del Testamento Completo después de la
Segunda Llegada del Señor es la era de la novilla, la era de la mujer. La
novilla simboliza por lo tanto la perfección. Esto es por lo que muchas personas
sensibles espiritualmente reciben la revelación de que estamos hoy día en la era
de la vaca o de la novilla.
¿Qué restaura por indemnización estos tres tipos de ofrendas? Abraham, por
medio de sus ofrendas simbólicas, tenía que establecer la condición simbólica de
indemnización que le permitiera restaurar todas las cosas anteriormente dejadas
en manos de Satán, a causa de los fracasos en la restauración por indemnización,
por medio de los sacrificios simbólicos y las ofrendas substanciales de las
familias de Adán y de Noé. Por ello, la ofrenda simbólica de Abraham tenía que
restaurar de una vez horizontalmente, por medio de las tres clases de ofrendas,
la condición simbólica de indemnización de la providencia vertical de las tres
generaciones de Adán, Noé y Abraham.
Abraham ofreció sobre el altar los sacrificios de la paloma, el carnero y la
novilla, que simbolizaban las tres etapas de formación, crecimiento y
perfección, con el fin de cumplir de una vez y horizontalmente la providencia
vertical que Dios proyectó restaurar por indemnización a través de las tres
generaciones (desde el punto de vista de Su voluntad): Adán, simbolizando la
formación, Noé, el crecimiento, y Abraham, la perfección. Por consiguiente, esta
ofrenda representaba simbólicamente la voluntad de Dios de cumplir a la vez la
providencia entera de la restauración, restaurando por indemnización todas las
condiciones representadas por el número «tres», que habían sido invadidas por
Satán.
Debemos saber de qué forma ofreció Abraham el sacrificio simbólico. Leemos
(Gn. 15:10-13) que Abraham cortó las ofrendas en dos y puso cada mitad frente a
la otra, pero no cortó las palomas en dos. Las aves rapaces bajaron sobre los
cadáveres y Abraham las espantó. Dios se apareció a Abraham aquella tarde al
ponerse el sol y le dijo:
«Has de saber que tus descendientes serán forasteros en una tierra extraña.
Los esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años». (Gn. 15 :13)
Las aves de presa descendieron sobre los cadáveres debido a que Abraham no
había cortado las palomas en dos. A causa de esto los israelitas sufrieron
cuatrocientos años de esclavitud en Egipto.
¿Por qué fue un pecado tan grande no cortar las palomas? Esta cuestión ha
permanecido hasta nuestros días sin solución y sólo puede ser aclarada por medio
del Principio. Estudiemos primeramente la razón de cortar los sacrificios. El
propósito de la providencia de la salvación es restaurar la soberanía del bien,
separando el bien y el mal, destruyendo el mal y estableciendo el bien. Por
ello, cuando Dios, después de haber separado a Adán en Caín y Abel, mandó que
fueran ofrecidos sacrificios y cuando destruyó el mal para exaltar el bien por
medio del juicio del diluvio en tiempos de Noé, lo hizo para restaurar la
soberanía del bien. En consecuencia, Dios se propuso realizar los actos
simbólicos de separación del bien y el mal, cosa que no logró llevar a cabo a
través de Adán y Noé, haciendo ofrecer a Abraham los sacrificios cortados en
dos.
El acto de cortar los sacrificios en dos era, primeramente, para restaurar la
posición separada de Caín y Abel en la familia de Adán con el fin de separar a
Adán, el origen del bien y del mal, en dos partes representando respectivamente
el bien y el mal. En segundo lugar, era para restaurar la posición de Noé,
habiendo separado el bien y el mal por el diluvio de cuarenta días. En tercer
lugar, era para establecer la condición simbólica de separar el mundo de la
soberanía del bien del mundo bajo el dominio de Satán. En cuarto lugar, este
acto era para establecer la condición de santificación, eliminando la sangre de
muerte que había venido por la relación ilícita de sangre.
¿Por qué era, entonces, un pecado tan grande no cortar el sacrificio en
dos?
En primer lugar, fue análogo a no haber separado a Caín y a Abel; por lo
tanto, no había un objeto del tipo Abel que Dios pudiese tomar. Por
consiguiente, el sacrificio era inaceptable para Dios y el fracaso en el
sacrificio de Caín y Abel no fue restaurado.
En segundo lugar, esto representó no haber separado el bien y el mal en
tiempos del juicio del diluvio en la providencia de la restauración centrada en
Noé; por lo tanto, no había un objeto de bondad que Dios pudiera tomar y con el
cual pudiera llevar a cabo Su providencia. Por consiguiente, acabó en un fracaso
de la misma forma que había fracasado el juicio del diluvio.
En tercer lugar, no se logró establecer la condición simbólica de separación
del mundo de la soberanía del bien del mundo bajo el dominio de Satán, con el
fin de que Dios pudiese tomar su mundo.
En cuarto lugar, el sacrificio no fue purificado porque la sangre de muerte
no fue eliminada y este sacrificio no pudo constituir algo sagrado que Dios
pudiese tomar y obrar con él en Su providencia. De esta forma, la ofrenda de los
sacrificios sin haber cortado la paloma en dos era como ofrecer lo que
pertenecía a Satán, y así, los sacrificios ofrecidos se hallaban en posesión de
Satán.
Así pues, la paloma, que era la ofrenda que simbolizaba la etapa de
formación, quedó en poder de Satán. El carnero y la novilla que simbolizaban el
crecimiento y la perfección, que tenían que ser establecidos sobre el fundamento
a nivel de formación, fueron entonces invadidos por Satán. Por esta razón, toda
la ofrenda simbólica terminó bajo el poder de Satán y el pecado fue no haber
cortado la paloma en dos.
Examinemos ahora el significado de las aves de presa que descendieron sobre
la ofrenda simbólica (Gn. 15:11). Desde la caída de los primeros antepasados de
la humanidad, Satán ha estado persiguiendo siempre a los que han abogado por la
voluntad de Dios. Cuando Caín y Abel ofrecieron sacrificios, Satán estaba
acechando a la puerta (Gn. 4:7); de la misma forma, en tiempos de Noé, el cuervo
simbolizaba a Satán, que buscaba la ocasión favorable de invadir a su familia
después del juicio (Gn. 8:7). Similarmente, en el tiempo de la ofrenda simbólica
de Abraham, Satán, que había estado buscando la oportunidad de invadir la
ofrenda, vio que la paloma no estaba cortada en dos, y la invadió. La Biblia
representa simbólicamente este hecho describiendo cómo las aves de presa
descendieron sobre la ofrenda.
¿Qué consecuencia trajo este fracaso en la ofrenda simbólica? El fracaso de
Abraham en la ofrenda simbólica causó la anulación de todas las condiciones que
tenían que ser restauradas por indemnización, por medio de la ofrenda simbólica.
Por consiguiente, los descendientes de Abraham estuvieron sometidos a esclavitud
durante 400 años en Egipto, el país del Faraón. Estudiemos ahora la razón de
esto.
Dios había establecido un período de 400 años para la separación de Satán,
con el fin de restaurar por indemnización el número «cuarenta» del juicio, así
como las diez generaciones que habían sido invadidas por Satán a causa de la
falta de Cam; sobre esta base, llamó a Abraham y le hizo ofrecer sacrificios
simbólicos. El fallo de Abraham permitió a Satán reclamar la ofrenda; por ello,
el período de 400 años desde Noé, período de indemnización para establecer a
Abraham como el padre de la fe por medio de la ofrenda simbólica, fue igualmente
invadido por Satán. Con el fin de restaurar por indemnización a la vez la
posición de Abraham antes de su fracaso en la ofrenda simbólica y la posición de
Noé cuando fue llamado para la construcción del arca, Dios tuvo que establecer
de nuevo un período de 400 años para la separación de Satán. El período de 400
años de esclavitud de los israelitas en Egipto tenía como fin poner a Moisés
sobre el fundamento de haber restaurado por indemnización a nivel nacional la
posición de Noé o de Abraham al tiempo en el que estaban a punto de comenzar su
misión como los padres de la fe. Este período de esclavitud fue el período de
castigo por el fallo de Abraham en la ofrenda, así como el período para
establecer el fundamento de la separación de Satán, para la nueva providencia de
Dios.
Hemos explicado que Dios pensó realizar al mismo tiempo toda la providencia
representada por la formación, el crecimiento y la perfección, tratando que
Abraham ofreciera con éxito un sacrificio simbólico de tres clases de animales
sobre un mismo altar. Cuando Abraham fracasó, la providencia de Dios fue
prolongada hasta Isaac y Jacob, o sea tres generaciones.
(ii) La ofrenda de Isaac por Abraham
Después del fallo de Abraham en la ofrenda simbólica, Dios le ordenó que
ofreciese a su único hijo Isaac en holocausto (Gn. 22:2), por lo que Dios
comenzaba una nueva providencia para restaurar por indemnización el fracaso de
la ofrenda simbólica de Abraham. Según la teoría de la predestinación del
Principio, Dios no utiliza por segunda vez una persona que habiendo sido llamada
para una cierta misión, fracasa en el cumplimiento de su propia parte de
responsabilidad. ¿Cómo podía Dios, entonces, continuar Su providencia por medio
de la ofrenda de Isaac, para restaurar el fracaso de Abraham en su ofrenda
simbólica, pese a que su fracaso en la ofrenda simbólica anulaba la voluntad que
debía ser establecida por la ofrenda?
Primeramente, en lo referente a la providencia de Dios para restaurar el
fundamento para recibir al Mesías, la providencia centrada en la familia de Adán
fue la primera, mientras que la providencia centrada en la familia de Noé fue la
segunda, y la centrada en la familia de Abraham fue la tercera. El número «tres»
es el número de la perfección (ref. Parte II, Cap. III, Sec. II, 4) y ya que la
providencia por medio de Abraham era la tercera tentativa de restaurar el
fundamento para recibir al Mesías, había una condición en el Principio que
posibilitaba la realización de esta providencia. Por consiguiente, Abraham
podía, simbólicamente, restaurar todos los objetos o condiciones perdidas a
causa de su fracaso en la ofrenda simbólica, ofreciendo a su propio hijo como
una ofrenda substancial, estableciendo así una condición de indemnización de
mucho más valor que la condición precedente.
En segundo lugar, como se ha dicho ya, la posición de Abraham al ofrecer los
sacrificios era la de Adán. En aquel tiempo, Satán invadió a dos generaciones
sucesivas, a Adán y a su hijo Caín. Según el principio de la restauración por
indemnización, el lado celestial podía llevar a cabo la providencia de tomar dos
generaciones, Abraham y su hijo.
En tercer lugar, Adán no podía ofrecer los sacrificios directamente ante
Dios, pero Noé pudo ofrecer directamente la ofrenda simbólica del arca, por
hallarse sobre el fundamento del corazón de Abel, que había hecho posible el
éxito en la ofrenda simbólica de la etapa de formación, estando en la posición
de Adán. De esta forma, Abraham fue llamado a la vez sobre el fundamento de
Abel, que había tenido éxito en la ofrenda simbólica de la etapa de formación, y
sobre el fundamento de Noé, que había tenido éxito en la ofrenda simbólica de la
etapa de crecimiento. Sobre este nivel, presentó la ofrenda simbólica de la
etapa de perfección. Por consiguiente, aunque Abraham había fracasado, Dios
podía hacerle ofrecer de nuevo el sacrificio, sobre la condición del fundamento
histórico de corazón, puesto que Abel y Noé habían tenido éxito en la ofrenda
simbólica.
Al tiempo de ofrecer a Isaac en sacrificio, Abraham había establecido la
condición de fe para la ofrenda de Isaac, estableciendo la condición simbólica
de indemnización para restaurar a la familia de Adán, tal y como lo había hecho
en los tiempos de su ofrenda simbólica. Por lo tanto, Abraham planeó con su
mujer Sara, hacerse pasar por hermanos. Después de haber sido privado de su
mujer por Abimélek, rey de Guerar, la recuperó. Esta vez Abraham junto con su
mujer tomó esclavos, que simbolizaban a la humanidad, así como riquezas que
simbolizaban a todas las cosas (Gn. 20:1-16).
¿Cómo ofreció Abraham a Isaac en sacrificio? Cuando en obediencia al
mandamiento de Dios con una fe absoluta, Abraham estaba a punto de sacrificar en
holocausto a su único hijo Isaac, que había recibido como una bendición, Dios le
mandó que no extendiese su mano sobre el muchacho y le dijo: «...ahora ya sé que
tú eres temeroso de Dios» (Gn. 22:12). El corazón de Abraham hacia la voluntad
de Dios y su resolución de matar a su hijo, como resultado de su fe, obediencia
y lealtad absolutas, lo colocaron en la misma posición como si hubiera matado a
Isaac; por ello, pudo separar a Isaac de Satán. Por lo tanto, Dios ordenó a
Abraham que no matase al niño, porque Isaac, estando separado de Satán, se
encontraba ya en el lado del Cielo. Debemos saber que cuando Dios dijo «ahora ya
sé», expresó la mezcla de su reproche por la falta de Abraham en la ofrenda
simbólica y de la alegría por el éxito en la ofrenda de Isaac.
De esta forma, la providencia de Dios para la restauración centrada en la
familia de Abraham, iba a realizarse a través de Isaac, por el éxito de Abraham
en la ofrenda de éste.
Hubo un período de tres días antes de que Abraham ofreciese a su hijo en
holocausto sobre el monte Moriah, así pudo comenzar un nuevo curso providencial
separando a Isaac de Satán para llevarlo al lado celestial. Este período de tres
días siguió siendo un período necesario para la separación de Satán antes de
comenzar un nuevo curso providencial. Jacob pasó también un período de tres días
de separación de Satán antes de comenzar el curso de la restauración de Canaán a
nivel familiar llevando a su familia fuera de Jarán (Gn. 31:20-22). Moisés pasó
igualmente un período de tres días de separación de Satán antes de comenzar el
curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, sacando a la nación
israelita fuera de Egipto (Ex. 8:27-29). Jesús pasó igualmente un período de
tres días de separación de Satán en la tumba, antes de comenzar el curso de la
restauración de Canaán a nivel mundial espiritualmente. Hay que señalar también
que, cuando los israelitas regresaron a Canaán, centrados en Josué, el arca de
la alianza que precedía al grueso de la tropa fue llevada durante un curso de
tres días de separación de Satán (Num. 10:33).
(iii) La posición de Isaac desde el punto de vista de la voluntad, y su
ofrenda simbólica
Hemos visto ya en detalle que, pese al fallo de Abraham en su ofrenda
simbólica, quedaba todavía una condición según el Principio, que permitía
establecer el fundamento para recibir al Mesías, teniendo como centro a Abraham.
Sin embargo, como se ha aclarado en el capítulo sobre «La Predestinación», la
situación era tal que Dios no podía repetir Su providencia centrada en Abraham,
puesto que éste había fracasado en cumplir su propia parte de responsabilidad.
Por consiguiente, Dios tenía que considerar a Abraham en la posición de no haber
fallado, pese a su fracaso en la ofrenda simbólica. Tenía que considerar la
providencia de la restauración, que había sido prolongada después de Abraham,
como si no lo hubiera sido. Con este propósito, Dios mandó a Abraham ofrecer a
Isaac en holocausto.
Dios prometió a Abraham que formaría Su nación escogida a través de Isaac,
diciendo:
«... No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus
entrañas». Y sacándole afuera le dijo: «Mira al cielo y cuenta las estrellas si
puedes contarlas». Y le dijo: «Así será tu descendencia». (Gn. 15:45)
Así pues, Abraham, que había sido invadido por Satán a causa del fracaso en
su ofrenda simbólica, mostró una gran lealtad estando dispuesto a matar por el
mandamiento de Dios al hijo de la promesa, estableciendo así la misma condición
que si se hubiera matado a sí mismo. Por lo tanto, el hecho de que Dios
permitiera vivir a Isaac, significa que Abraham fue resucitado de su situación
de muerte, separándose de Satán juntamente con Isaac. Por ello, Abraham pudo
separarse de Satán, que lo había invadido como consecuencia del fallo en su
ofrenda simbólica, teniendo éxito en su ofrenda de Isaac. Además, pudo situarse
en una posición de completa unidad con Isaac, centrados en la voluntad de
Dios.
De esta forma, Abraham e Isaac, que sobrevivieron a la muerte, aunque eran
dos individuos, eran un solo ser centrado en la voluntad de Dios. Si Isaac tenía
éxito en la providencia, aunque la providencia con Abraham fracasó y fue
prolongada a Isaac, la victoria de Isaac podría igualmente ser el éxito del
propio Abraham, que era un solo ser con Isaac. Por consiguiente, aunque la
providencia fue prolongada de Abraham a Isaac, a causa del fallo de Abraham en
su ofrenda simbólica, desde el punto de vista de la voluntad fue como si Abraham
no hubiera fallado y la providencia no hubiera sido prolongada.
Nadie sabe con seguridad la edad de Isaac al tiempo de la ofrenda. Pero,
según el hecho de que podía llevar la leña, que debía ser utilizada en el
holocausto (Gn. 22:6) y que preguntó a su padre dónde estaba el cordero para la
ofrenda (Gn. 22:7), Isaac parecía suficientemente mayor como para comprender lo
que estaba sucediendo. Podemos también imaginar fácilmente que Isaac obedeció a
su padre y cooperó con él en el momento del holocausto.
Si Isaac, que era suficientemente mayor como para comprender la situación, se
hubiera resistido a la determinación de su padre de sacrificarlo, Dios no habría
aceptado de ningún modo la ofrenda de Isaac. La lealtad de Abraham sumada a la
de Isaac, que no era menor, ocasionó el éxito de la ofrenda de Isaac, haciendo
posible la separación de Satán.
Por consiguiente, ambos, Abraham e Isaac, centrados en la ofrenda,
sobrevivieron. Primeramente, Abraham pudo restaurar por indemnización su
posición anterior a su fracaso en la ofrenda separándose de Satán, que le había
invadido a causa de su fracaso en la ofrenda simbólica. Desde esta posición,
pudo transmitir su misión providencial a Isaac. En segundo lugar, Isaac, que
heredó la misión divina de su padre Abraham obedeciéndole en completa sumisión a
la voluntad, pudo establecer así la condición de fe que le permitía ofrecer más
tarde el sacrificio simbólico.
De esta forma, la voluntad divina fue transmitida de Abraham a Isaac, y
Abraham ofreció un carnero en holocausto en lugar de Isaac, como está
escrito:
«Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los
cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero y lo sacrificó en holocausto en lugar de
su hijo». (Gn. 22 :13)
Esto constituyó la ofrenda simbólica que fue presentada para restaurar el
fundamento de fe centrado en Isaac. Del hecho que Isaac llevaba el haz de leña
para el holocausto, podemos sacar la conclusión de que cooperó con Abraham
cuando éste ofreció el carnero en holocausto. Por consiguiente, aunque Abraham
ofreció el carnero como la ofrenda simbólica, el resultado, desde el punto de
vista de la voluntad de Dios, fue como si Isaac mismo hubiera ofrecido el
sacrificio, porque había heredado la misión de su padre llegando a ser un solo
ser con él. De esta forma, Isaac restauró por indemnización el fundamento de fe
por su éxito en la ofrenda simbólica, en la posición de sustituto de Abraham,
después de haber heredado su misión.
2. EL FUNDAMENTO DE SUBSTANCIA
Isaac como la figura central para restaurar el fundamento de fe en el lugar
de Abraham, ofreció un sacrificio simbólico aceptable con el carnero y pudo
establecer el fundamento de fe. Con el fin de establecer el fundamento para
recibir al Mesías, centrado en Isaac, había que realizar el fundamento de
substancia basado en la condición de indemnización para eliminar la naturaleza
caída. Esto debía realizarse ofreciendo un sacrificio substancial con sus hijos
Esaú y Jacob, en las posiciones de Caín y Abel.
Si Abraham no hubiera fracasado en la ofrenda simbólica, Isaac y su
hermanastro Ismael, en las posiciones de Abel y Caín, habrían establecido la
condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, que había quedado
sin realizar por Caín y Abel. A causa del fracaso de Abraham, Dios, poniendo a
Isaac en la posición de Abraham, y a Esaú y Jacob en la posición de Ismael e
Isaac, continuó Su providencia con el fin de hacerles establecer la condición de
indemnización para eliminar la naturaleza caída. Por consiguiente, Esaú y Jacob,
centrados en Isaac, estaban en la posición de Caín y Abel, centrados en Adán, y
al mismo tiempo, en la posición de Sem y Cam, centrados en Noé.
El hijo mayor de Isaac, Esaú, y el segundo hijo, Jacob, eran los símbolos
respectivos de la primera ofrenda simbólica de Abraham, que fue invadida por
Satán, y de su segunda ofrenda de Isaac, separada de Satán; representaban el mal
y el bien, y tenían que ofrecer sacrificios substanciales en las posiciones
respectivas de Caín y Abel. Esaú y Jacob lucharon incluso en el seno de su madre
(Gn. 25:22-23), porque se hallaban en la situación conflictiva de Caín y Abel,
que habían sido separados como representaciones respectivas del mal y del bien.
Así, Dios amaba a Jacob y odiaba a Esaú desde que estaban en el seno de su madre
(Rm. 9:11-13) porque representaban respectivamente el bien y el mal.
Con el fin de que Esaú y Jacob estableciesen la condición de indemnización
para eliminar la naturaleza caída por medio de las ofrendas substanciales, Jacob
tenía que establecer antes la condición para restaurar por indemnización la
posición de Abel, que era la figura central para la ofrenda substancial.
Primeramente, Jacob tenía que establecer una condición victoriosa en su lucha
para restaurar el derecho de primogenitura, en el nivel individual. Satán había
ocupado el mundo de la creación de Dios en la posición del hijo mayor. Dios, en
la posición del hijo menor había obrado en Su providencia para arrebatar al
mayor el derecho de primogenitura. Por esto Dios «odiaba» al mayor y amaba al
más joven (Mt. 1:2-3). Jacob, que había sido llamado estando en el vientre de su
madre a la misión de restaurar la primogenitura del mayor, sabiamente tomó la
primogenitura de su hermano mayor, Esaú, con un poco de pan y un potaje de
lentejas (Gn. 25:34). Dios permitió que Isaac bendijese a Jacob porque él trató
de restaurar el derecho de primogenitura, apreciando su valor (Gn. 27:27),
mientras que no bendijo a Esaú, porque éste por el contrario le dio tan poco
valor al derecho de primogenitura que lo vendió por un potaje de lentejas.
En segundo lugar, Jacob fue a Jarán, y allí, centrado en su familia y las
riquezas, triunfó en su lucha para restaurar la primogenitura durante 21 años de
penoso trabajo, y después volvió a Canaán.
En tercer lugar, Jacob restauró substancialmente el dominio sobre el ángel,
venciéndolo en el vado de Yabboq en su camino de vuelta de Jarán a Canaán, la
tierra prometida por Dios.
Jacob llegó a ser finalmente la figura central para la ofrenda substancial,
restaurando por indemnización la posición de Abel.
De esta forma, Esaú y Jacob establecieron las posiciones que tenían Caín y
Abel en el tiempo en que Dios aceptó la ofrenda de Abel. Por consiguiente, para
establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, Esaú
tenía que amar a Jacob, ponerlo como mediador y obedecerle en la posición de
dejarse dominar por él, estando así en la posición de multiplicar el bien
heredándolo de Jacob, que había recibido la bendición de Dios. De hecho, Esaú
amó y acogió a Jacob cuando éste volvió a Canaán con su familia celestial y sus
riquezas, después de haber terminado el duro trabajo de 21 años en Jarán (Gn.
33:4); por lo tanto, pudieron establecer la condición de indemnización para
eliminar la naturaleza caída. De esta forma, pudieron restaurar por
indemnización, lo que Caín y Abel en la familia de Adán, y Sem y Cam en la
familia de Noé, no habían logrado realizar en la ofrenda substancial.
Así, gracias al éxito de Esaú y Jacob en la ofrenda substancial, el curso
vertical de la historia, que desde la familia de Adán tenía como objetivo
restaurar por indemnización el fundamento de substancia, fue por primera vez
restaurado por indemnización sobre la base horizontal en la familia de Isaac en
el curso providencial de la restauración centrado en Abraham.
La Biblia dice (Rm. 9:13) que Dios odiaba a Esaú cuando todavía estaba en el
seno de su madre. Sin embargo, él pudo situarse en la posición de Caín
restaurado, porque cumplió su propia parte de responsabilidad sometiéndose a
Jacob, y finalmente recibió el amor de Dios. Debemos comprender que Dios odiaba
a Esaú solamente porque estaba en la posición de Caín, que había estado en el
lado de Satán en el curso providencial del establecimiento de las condiciones de
indemnización.
3. EL FUNDAMENTO PARA RECIBIR AL MESIAS
El fundamento para recibir al Mesías que tenía que ser establecido en la
familia de Adán, fue prolongado a través de tres eras hasta Abraham, porque las
figuras centrales a cargo de la providencia de la restauración fracasaron en
realizar sus parte de responsabilidad. Sin embargo, la voluntad de Dios fue
prolongada hasta Isaac, a causa del fracaso en la ofrenda simbólica de Abraham,
que estaba destinado a realizar la voluntad. El fundamento de fe y el fundamento
de substancia fueron establecidos centrados en la familia de Isaac y, por
primera vez, fue establecido el fundamento para recibir al Mesías. Por
consiguiente, el Mesías debía venir en aquel tiempo.
Si consideramos las cosas centrados en el fundamento para recibir al Mesías,
debemos primeramente conocer el contexto social necesario para el
establecimiento de éste. Los hombres caídos deben establecer primeramente el
fundamento para recibir al Mesías, con el fin de proveer la base para restaurar
el mundo, centrado en Satán, convirtiéndolo en el reino centrado en el
Mesías.
En la providencia de la restauración centrada en la familia de Adán y en la
familia de Noé, no había otras familias que tuvieran la posibilidad de invadir a
la familia representante de la voluntad divina. Por consiguiente, el Mesías
habría venido sobre el fundamento a nivel familiar para recibir al Mesías, si
este fundamento hubiera sido establecido en aquel tiempo. Sin embargo, en
tiempos de Abraham había ya una nación centrada en Satán, formada por hombres
caídos, en pugna con la familia de Abraham. El Mesías no podía venir
directamente sobre el fundamento a nivel familiar para recibir al Mesías, aunque
éste estuviera ya establecido. Ellos habrían recibido al Mesías solamente
después de haber establecido el fundamento en el dominio del nivel nacional que
pudiese competir con el mundo satánico.
Por consiguiente, aunque Abraham hubiera tenido éxito en ambas ofrendas, la
ofrenda simbólica y la ofrenda substancial, haciendo posible en aquel tiempo el
establecimiento del fundamento a nivel familiar para recibir al Mesías, el
Mesías no podría haber venido, a no ser que sobre el fundamento establecido los
descendientes de Abraham se hubieran multiplicado en el país de Canaán, formando
así el fundamento a nivel nacional para recibir al Mesías.
Sin embargo, Abraham fracasó en la ofrenda simbólica. Como castigo, los
descendientes de Isaac, aunque ellos habían establecido el fundamento a nivel
familiar para recibir al Mesías, tuvieron que dejar su patria y partir a una
nación extranjera. Tenían que establecer el fundamento a nivel nacional para
recibir al Mesías una vez de vuelta en Canaán, después de 400 años de
penalidades.
¿Quién tenía que comenzar el curso de indemnización de los descendientes de
Abraham a causa de su fallo en la ofrenda simbólica? Era Jacob y no Isaac. La
razón de esto era que, como se ha mostrado, la figura central que tenía que
recorrer los cursos de indemnización debía ser del tipo Abel, es decir, el
centro de la ofrenda substancial. Por consiguiente, Abel en la familia de Adán,
Cam en la familia de Noé, Isaac en la familia de Abraham y Jacob en la familia
de Isaac tenían que pasar por un curso de indemnización representando a sus
respectivas familias.
Jacob en particular, tenía que recorrer el curso tradicional de separación de
Satán, como el modelo que Jesús debería seguir más tarde, porque era la persona
de tipo Abel, que se hallaba sobre el fundamento para recibir al Mesías (ref.
Parte II, Cap. II, Sec. I). La familia de Jacob tenía que comenzar este curso de
indemnización en la posición de la familia de Isaac porque debía llevar a cabo
el propósito de la providencia de la restauración centrada en Abraham. Para
esto, la familia de Jacob tenía que pagar por el pecado de Abraham mediante un
curso de indemnización de 400 años. En la familia de Isaac, Jacob, en la
posición de Abel, había seguido este curso de indemnización; por lo tanto, en la
familia de Jacob, José, hijo de Raquel (mujer de Jacob del lado de Dios), tenía
que establecer la posición de Abel yendo primeramente a Egipto y siguiendo allí
el curso de indemnización.
Por esta razón, José fue vendido por sus hermanos y fue llevado a Egipto.
Después de haber llegado a ser primer ministro de Egipto, a la edad de 30 años,
se hizo realidad lo que el Cielo le había enseñado de niño en su sueño (Gn.
37:5-11) cuando los hermanastros de José, los otros hijos de Jacob del lado
satánico, se sometieron a él. De esta forma, la familia de Jacob siguió el curso
de entrada en Egipto empezando por los hijos y siguiendo más tarde los padres el
mismo curso. De esta forma, la familia de Jacob empezó el curso de indemnización
para recibir más adelante al Mesías a nivel nacional.
De esta manera, la providencia centrada en Isaac fue prolongada en el curso
providencial centrado en Jacob. Jacob que cargó con el pecado de Abraham, empezó
el curso de indemnización para llevar a cabo la voluntad de Isaac a nivel
nacional. Por lo tanto, Abraham, Isaac y Jacob formaron un solo cuerpo, aunque
eran diferentes individuos, así como Abraham e Isaac eran un solo cuerpo visto
según el significado de la voluntad. Por consiguiente, la victoria de Jacob
significaba la de Isaac, y la victoria de Isaac significaba la de Abraham; por
ello, la providencia de la restauración centrada en Abraham, aunque fue
prolongada hasta Isaac y después hasta Jacob, fue como si se hubiera realizado
en una sola generación sin ninguna prolongación cuando lo consideramos según el
significado de la voluntad divina. El pasaje de la Biblia, en el cual Dios dijo:
«Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de
Jacob» (Ex. 3:6), nos enseña que estos tres, aunque eran tres generaciones
diferentes, son igual a una sola generación desde el punto de vista del
significado de la voluntad divina, puesto que ellos son antepasados nuestros que
cumplieron un propósito divino uniendo sus esfuerzos.
De hecho, Dios pensaba realizar la providencia de la restauración,
primeramente, haciendo que la familia de Jacob sufriera 400 años de esclavitud
en Egipto, el mundo satánico, escogiéndola después como la nación elegida y
llevándola de vuelta a Canaán, como se lo había prometido a Abraham en Su
bendición. Después, Dios tenía la intención de hacerles establecer el fundamento
a nivel nacional para recibir al Mesías, y finalmente enviaría al Mesías sobre
este fundamento.
Por lo tanto, el fundamento para recibir al Mesías establecido por la familia
de Isaac como centro, llegó a ser la base para empezar el curso de indemnización
para el establecimiento del fundamento a nivel nacional para recibirlo. Por
ello, el período de 2.000 años desde Adán hasta Abraham fue el período durante
el cual se construyó la base para comenzar el establecimiento del fundamento a
nivel nacional para recibir al Mesías en la era siguiente.
Jacob, que se hizo cargo del curso de indemnización a causa del fallo de
Abraham en la ofrenda simbólica, tuvo éxito en la lucha a nivel individual,
tomando de Esaú el derecho de primogenitura, usando su sabiduría para la
voluntad celestial, y de nuevo tuvo éxito en su lucha de 21 años para tomar la
primogenitura a nivel familiar de su tío, Labán, que vivía en Jarán, el mundo
satánico; en el camino de vuelta de Jarán a Canaán, Jacob venció en la lucha con
el ángel y obtuvo el nombre de Israel, estableciendo la condición de
indemnización para restaurar, como hombre caído, el dominio sobre el ángel por
primera vez desde la caída de los primeros antepasados de la humanidad.
Por lo tanto, pudo establecer la base para la formación de la nación
escogida.
Jacob volvió a Canaán siguiendo semejante curso, y después de esto estableció
la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Entonces Jacob
estableció con éxito el modelo para la subyugación de Satán. Moisés y Jesús,
tenían que seguir este curso modelo, así como también los israelitas. Por
consiguiente, la historia de la nación israelita es el relato de este curso
modelo, en el cual subyugaron a Satán a nivel nacional. Esta es la razón por la
cual la historia de la nación de Israel es el foco central de la historia
providencial de la restauración.
4. LECCIONES APRENDIDAS EN EL CURSO DE ABRAHAM
La providencia de la restauración centrada en Abraham nos muestra en primer
lugar cómo fue la predestinación de Dios de Su voluntad. La providencia de la
restauración no puede ser realizada sólo por el poder de Dios, sino que debe ser
realizada por la acción conjunta del hombre con Dios. Por esto, Dios no pudo
realizar Su voluntad a través de Abraham, aunque lo había llamado para cumplir
el propósito de la providencia de la restauración, porque Abraham fracasó en el
cumplimiento de su propia parte de responsabilidad.
En segundo lugar, nos muestra cómo fue la predestinación de Dios al hombre.
Dios había predestinado a Abraham para ser el padre de la fe, pero, cuando
fracasó en el cumplimiento de su propia parte de responsabilidad, su misión fue
transferida a Isaac y después a Jacob.
En tercer lugar, nos muestra que la providencia de la restauración debe ser
prolongada necesariamente cuando el hombre falla en el cumplimiento de su propia
parte de responsabilidad, y que al mismo tiempo, debe ser establecida una
condición de indemnización más grande con el fin de restaurar el fallo. En el
caso de Abraham, la voluntad debía ser realizada mediante sacrificios de
animales; pero a causa de su falta hubo de ser realizada por la ofrenda en
sacrificio de Isaac, su hijo amado.
En cuarto lugar, a través de la acción de cortar los sacrificios nos muestra
que nosotros también debemos dividirnos como un sacrificio, representando el
bien y el mal. La vida religiosa es la vida en la que uno se pone en la posición
de sacrificio, y se ofrece a sí mismo como sacrificio aceptable para Dios,
dividiéndose en dos, representando la separación del bien y del mal. Por ello,
si no separamos el bien y el mal en nosotros mismos, centrados en la voluntad de
Dios, se crea una condición para la invasión de Satán.
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